Por Miguel Ángel Isidro

“Mira Bartola
‘Ay te dejo esos dos pesos 
Pagas la renta,
El teléfono y la luz
De lo que sobre
Tomas de ‘ay para tu gasto
Guárdame el resto para echarme mi alipús”…

Con esos versos inicia una de las más populares canciones del gran cronista urbano del México del siglo XX, Salvador Flores Rivera.

Cuenta la anécdota que la historia de “La Bartola” proviene de un hecho real: Chava Flores conoció a un señor que trabajaba en diversos oficios para poder subsistir. Pero como “buen mexicano”, aquel camarada era un mujeriego que tenía tres mujeres con hijos. Así qué haciendo cuentas, a cada una de sus consortes, este pintoresco personaje les destinaba, en promedio, la fabulosa cantidad de dos pesos diarios… y pues de ahí la canción.

Créame, amable lector, que me resistí a comentar de botepronto acerca de la propuesta presupuestal del gobierno de Andrés Manuel López Obrador y de las múltiples reacciones que ha generado, a favor y en contra.

Vivimos tiempos en los que los ánimos están muy encendidos y las sensibilidades reaccionan a flor de piel. Bromas aparte, creo que todos debemos comenzar a entender cómo debiera operar el asunto de la austeridad.

Hacer más con menos, predicar con el ejemplo y poner a los desfavorecidos como principal prioridad son algunos de los ejes de acción que el gobierno de la Cuarta Transformación ha planteado en materia de ajustes presupuestales.

Hay que entenderlo: México no puede darse el lujo de sostener los excesos y latrocinios de una clase política que está acostumbrada a hacer del erario su botín personal. Al aspecto salarial -que sigue siendo tema de controversia y pleito casado entre los tres poderes de la Federación- hay que agregar la inminente necesidad de dar pertinencia al gasto público.

Duplicidad de funciones entre oficinas, organismos y programas; funcionarios con una interminable e inexplicable lista de asesores incluso para asuntos de menor importancia, oficinas con un sentido ofensivo de lujo, compadrazgos y nepotismo en las nóminas son sólo algunos de los males que se deben erradicar de la práctica gubernamental.

Es un proceso que tomará tiempo y que obviamente generará resistencias.

Sin embargo la aplicación de la Operación Tijera en las finanzas de la Federación no puede aplicarse a rajatabla y sin cortapisas. Existen sectores sensibles sin los cuales la entrada del nuevo régimen no puede aspirar a ser integral ni socialmente responsable. Y por supuesto, en este apartado entran temas como la educación, la ciencia y la tecnología.

Y es que en el proyecto presupuestal remitido por el presidente López Obrador al Congreso sobresalen a primera vista los recortes a universidades publicas, a entidades como el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACyT) y a la Secretaría de Cultura.

Afortunadamente, y mostrando sensibilidad a las airadas reacciones de la comunidad académica, científica y cultural del país, el propio presidente López Obrador reconoció públicamente durante una gira de trabajo por el estado de Hidalgo que algunos apartados del presupuesto contienen errores, y en el caso de las universidades públicas, ofreció la reasignación de recursos no sin antes reiterar el llamado a una administración más responsable de los presupuestos. “Voy a ser respetuoso de la autonomía, pero debe haber honradez y transparencia”.

Obviamente se debe reconocer que durante la pasada administración se cometieron excesos que jamás se debieran repetir. En redes sociales se ha documentado que durante el gobierna de Enrique Peña Nieto se desviaron recursos de entidades paraestatales para pagar millonarios contratos a comunicadores e “influencers” para hacer propaganda al gobierno peñista y atacar a López Obrador. ¿Cómo explicar que un personaje como el impresentable “youtuber” Jorge Roberto Avilés Vázquez, conocido como “Callo de Hacha” haya recibido más de 6 millones de pesos del CONACyT durante los tres últimos años del sexenio anterior?

Por supuesto que alguien debe responder legalmente por este tipo de excesos, pero eso tampoco justifica que de un plumazo se recorten 2 mil 500 millones de pesos al presupuesto del organismo operador ara el 2019. Lo justo es reasignación el dinero despilfarrado a rubros que realmente lo requieren dentro de la misma esfera de influencia del CONACyT, como podría ser el caso de ampliar la base de integrantes del Sistema Nacional de Investigadores, y además, hacerlo con base a criterios reales de desempeño, trayectoria académica y productividad. En México existen muchos científicos e investigadores que sobradamente merecen ganar más de los 108 mil pesos mensuales que recibe el presidente de la República.

Administrar con eficiencia y sentido de justicia no tiene que ver necesariamente con afilar el machete y cortar de tajo aquello que no se comprende o se considera oneroso. Estamos en un momento pertinente para ponderar las prioridades nacionales.

En este último aspecto, me quedo con lo señalado por el doctor Gerardo Herrera Corral, colaborador del Centro Europeo de Investigaciones Nucleares: “Un país sin ciencia y tecnología está condenado a la dependencia y al subdesarrollo”.

En temas tan prioritarios no podemos permitirnos el ser víctimas de “el síndrome de la Bartola”.

Esto apenas comienza.

Twitter: @miguelisidro

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