Perspectiva
Por Marcos Pineda
Durante alrededor de dos años y medio, Cuauhtémoc Blanco señaló en reiteradas ocasiones que el entonces gobernador Graco Ramírez (dicho sea de paso, hasta ahora el peor gobernador que ha tenido el Estado de Morelos) no lo dejaba trabajar. Y resultó no sólo creíble, sino incluso en su beneficio político achacar la falta de resultados y avances concretos en la administración municipal, pues era cierto: el ex futbolista de profesión tuvo en su contra al maquiavélico ex activista político de izquierda.
Blanco vivió en carne propia lo que significa no sólo no contar con el respaldo del gobernador en turno, sino tenerlo al menos como adversario político, si no es que como enemigo personal. Mal haría si el mismo peso del poder gubernamental lo aplica al actual alcalde de Cuernavaca, Antonio Villalobos. Pero ese tema lo trataremos en otra ocasión.
Lo que importa en este momento es que ante la lentitud con que se mueve la maquinaria gubernamental para enfrentar los desafíos de la gestión de gobierno, Blanco y su equipo ya están comenzando a dar visos de que echarán la culpa a otros de los pocos o nulos resultados que están dando. El vicealmirante José Antonio Ortiz Guarneros ha mencionado ya en varias entrevistas a medios de comunicación que la lucha entre cárteles y la falta de recursos son obstáculos para garantizar la seguridad de los habitantes de la entidad. El asesor en materia de anticorrupción, Gerardo Becerra, ha dicho que la permanencia de los fiscales heredados del gobierno anterior representa un obstáculo para proceder en contra de quienes han sido señalados como defraudadores del erario público. Y ya se colgaron también de ese discurso hasta el propio fiscal general, Uriel Carmona Gándara, quien dijo que la falta de resultados está correlacionada con la falta de recursos, lo mismo que el Comisionado de Derechos Humanos, Jorge Arturo Olivares.
Lo cierto es que todos y cada uno de ellos ya sabían que a la entrada de la nueva administración enfrentarían un panorama desolador, carente de recursos y lleno de problemáticas heredadas. Y aun así decidieron o bien buscar y aceptar esos cargos o mantenerse en los que ocupaban. Sabían las condiciones financieras de la entidad, aunque no tuvieran el detalle de los números concretos.
Y las preguntas son: ¿Preferirán el camino de echar la culpa a otros de su falta de resultados? ¿Corregirán el rumbo? ¿O de plano, luego de un tiempo presentarán sus renuncias?
A diferencia del presidente Andrés Manuel López Obrador, quien está aplicando políticas, duras pero efectivas, de austeridad y maximización en el aprovechamiento de los recursos públicos, en el Estado de Morelos pareciera que más bien están ávidos de contar con recursos para manejarlos a su entero albedrío.
Para iniciados
Al momento de escribir estas líneas, ya está cerca la remoción del diputado Alfonso Sotelo de la presidencia de la mesa directiva en el Congreso local y de Rosalina Mazari, como presidenta de la Comisión de Hacienda. Se perfila Keyla Figueroa para suceder a Ponchito, quien pasará con más pena que gloria al recuerdo de los diputados que no supieron dar el ancho en la importante encomienda que el pueblo les confirió con sus votos, en calidad de defensor de los intereses del gobernador y los suyos, pero no del pueblo, como los diputados de la anterior legislatura, que vergüenza debería darles presentarse en público.






