LA LEY DE HERODES
Por Miguel Ángel Isidro

Como pocas veces, este inicio de año nos encuentra saturados de temas en la agenda política.

Aunque la opinión mediática y social continúa enfocada en la agenda dictada por el Presidente Andrés Manuel López Obrador desde sus monólogos mañaneros, no hay que perder de vista otros derroteros que tendrán consecuencias directas en el futuro político inmediato del país.

Por lo pronto, y aunque parezca prematuro, hay que tener en mente que diez semanas más estaremos exactamente a dos años del próximo proceso electoral intermedio. Es decir, que en un año todos los partidos estarán iniciando los procesos internos de selección de aspirantes a cargos de elección popular.

En dicho proceso estará en juego la renovación del congreso federal y 13 gubernaturas, además de un importante número de alcaldías y diputaciones locales.

Colima, Guerrero, Michoacán, Querétaro, Sinaloa, San Luis Potosí, Nayarit. Campeche, Sonora, Zacatecas, Baja California Sur, Chihuahua y Tlaxcala serán las entidades que se verán inmersas en la renovación de gubernaturas.

Ocho de estas entidades son gobernadas por el PRI; cuatro más por Acción Nacional (Querétaro, Nayarit, Baja California Sur y Chihuahua) y sólo en una de estas entidades gobierna el Partido de la Revolución Democrática: Michoacán.

Como resulta obvio pensar, antes del disparo de salida existe una fuerza política con una ventaja táctica en dicha carrera: Morena, del Presidente López Obrador y su “carro completo” en las dos cámaras. Es evidente que su principal objetivo será arrebatar a sus rivales la mayor parte de los cargos de elección popular en disputa.

Aunque el propio mandatario ha señalado lo contrario, queda de manifiesto que su principal apuesta consiste en capitalizar no sólo las acciones de su gobierno, sino los programas sociales de la Cuarta Transformación. Prueba de ello es que tanto la indumentaria, papelería y parafernalia del llamado “Censo del Bienestar” llevan colores e iconografía “casualmente” idéntica a la de Morena

La elección intermedia será la primera evaluación de facto del nuevo gobierno federal.

En los terrenos del Partido Acción Nacional, el escenario se antoja complicado. A pesar de ser la segunda fuerza política nacional, e panismo aún resiente los estragos del paso de Ricardo Anaya por la dirigencia y la candidatura presidencial del blanquiazul. Habrá que ver si el proyecto de un nuevo partido político encabezado por el matrimonio Calderón-Zavala no termina generando nuevas rupturas entre los panistas.

El PRI se ha mantenido cauteloso, sin asumir una abierta confrontación con el Presidente López Obrador. A pesar de que todas las críticas y ataques al mandatario son atribuidos “al PRIAN” por parte de las huestes morenistas, lo cierto es que a diferencia de su homólogo panista Marko Cortés, la lideresa tricolor Claudia Ruiz Massieu ha evitado la confrontación directa con el discurso presidencial; probablemente consciente del efecto negativo que esto ha traído al líder panista, a quien cada vez que abre la boca le viene una avalancha de ataques y señalamientos en contra, tanto en medios como en redes sociales. Ruiz Massieu, como sobrina del ex presidente Carlos Salinas tiene presente de lo que se le puede venir encima si pretende asumir el papel de opositora contestataria.

Es evidente que los priistas, viejos lobos de mar, harán valer su condición de partido bisagra en el terreno legislativo. Ya lo demostraron con la alianza de facto que le permitió a López Obrador sacar adelante la aprobación de su ansiada Guardia Nacional. Y muy seguramente tratarán de llevar estos contrapesos al terreno electoral, a fin de no seguir perdiendo su mermado capital política.

Para el PRD el proceso electoral será totalmente cuesta arriba. Será interesante verificar cómo podrá construir candidaturas el partido que el actual mandatario federal prácticamente desmanteló. Al PRD le corresponderá demostrar que puede continuar siendo una fuerza política progresista y no sólo una franquicia electorera propiedad de una cofradía de políticos ambiciosos, como muchos de sus malquerientes lo describen.

Otro factor interesante será ver en qué sentido evolucionan los liderazgos al interior de Morena. Es evidente que como fuerza política mayoritaria, el partido del Presidente aglutina distintas corrientes de opinión, que naturalmente chocan entre sí. Así es como vemos a la dirigente nacional Yeidkol Polevnsky tratando de operar políticamente en favor de su propio grupo político; a Martí Bartres en permanente duelo de protagonismo con Ricardo Monreal o a la propia Tatiana Clouthier tratando de sostener su personal integridad política; aún a contrapelo de las órdenes presidenciales, como se evidenció con su voto de abstención en la controvertida aprobación de la Guardia Nacional.

Como se verá, en el trayecto a la elección intermedia existen muchos entuertos políticos por resolver. Y a pesar de que podría resultar fácil hacer un pronóstico, la realidad es que mucho de lo que está en juego dependerá de la capacidad de las fuerzas políticas para hacerse identificar con las aspiraciones ciudadanas. Y para muchos actores políticos será el momento de verificar si pueden sobrevivir más allá de la sombra protectora de la popularidad presidencial.

Veremos y comentaremos.

Twitter: @miguelisidro

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