Perspectiva Electoral

Por Marcos Pineda

Haría falta ser, en un sentido, digamos, estrictamente aristotélico, un “idiota” para no darse cuenta de que el líder moral y real de Morena, Andrés Manuel, usa la misma técnica que sus antecesores priistas para influir, orientar y decidir al interior y exterior de su partido. Esa que se ha conocido en el bajo mundo de la política como “tirar línea”, que consiste básicamente en la emisión de expresiones que, de manera tácita o explícita, tienen por intención orientar la toma de decisiones, influir en los procesos políticos y, en su forma más acabada, decidir de antemano aquello a lo que otros tendrán que sujetarse, quieran o no.

Ahora como entonces -en las épocas de Miguel Alemán, de Ruiz Cortines, de Díaz Ordaz y de Echeverría Álvarez- la clase política tenía que estar muy atenta a lo que el presidente decía cuando hacía uso de la voz. No era necesario que el mandatario interviniera directamente en los asuntos del partido, porque ya había “tirado línea”. A sus incondicionales tocaba la tarea de hacer que se cumpliera la voluntad presidencial. Sólo cuando de plano alguien se rebelaba y se salía del control de los personeros del supremo depositario del poder, era necesaria la intervención directa del presidente.

Y como escribió Carlos Marx, en alguno de sus célebres análisis históricos, “la historia siempre se repite, nada más que unas veces es tragedia y otras es comedia”. En la más hegemónica etapa del PRI, vaya que esta manera de proceder fue una auténtica tragedia, que costó muchas muertes y encarcelamientos. Ahí tienen de ejemplo la masacre del 68 y el halconazo del 71, sólo por mencionar un par de los muchos excesos violentos del poder autoritario, icónicos momentos del presidencialismo priista.

Ahora la historia se repite, nada más que en su versión de comedia. López Obrador “tira línea” de manera constante, diaria. No hace falta que intervenga directamente en los procesos partidarios, para eso están sus personeros, que han entendido cuál es la voluntad del presidente y su misión es ejecutar sus designios. Pero es comedia porque no puede menos que dar risa la manera en que se comportan los aliados de la 4T. Siendo que el presidente ha reiterado que ya no hay imposiciones, que todo ha cambiado, que ya con él ahora sí hay democracia y que el poder lo tiene el pueblo, en las reuniones partidarias se llenan la boca argumentando las decisiones con lo que dijo el presidente. A casi todos, dentro y fuera de Morena, los quieren espantar con el petate del muerto, es decir, con lo que quiere, con lo que dijo y con lo que dicen que decidió López Obrador. 

Y resulta de hilarante carcajada cuando nos enteramos de que los aliados de AMLO saben que la línea que ha tirado es antidemocrática, impopular y hasta estúpida, en muchas ocasiones. Lo reconocen en corto, pero callan como momias en público. Y se someten, aceptando apoyar a candidatos impuestos desde el centro (como lo hizo el PRI) aportando su poco o mucho capital electoral y económico (como lo hizo el PRI), y defendiendo a personajes cuya reputación y antecedentes deberían ponerlos frente a un juez y no en una boleta electoral (como lo hizo el PRI).

Y como lo hizo el PRI, en su época más autoritaria, la línea tirada por el presidente de la República tiene efectos ineludibles. Nada más que ahora es comedia, puesto que esa misma línea se vuelve en contra de quienes tanto la promueven y defienden. 

Y para iniciados

Ahí está el tema. López Obrador, con palabras más y palabras menos dijo muy claro: “la encuesta es un buen método para seleccionar candidatos, cuando yo fui presidente del partido (Morena) usamos las encuestas y no tuvimos ningún problema”. Habrá quienes entiendan la línea y quienes no, pero los que la entendieron les debe quedar claro que nada está escrito, nada está dado, hasta que los resultados de la encuesta los favorezcan. Por eso hay varios aspirantes que andan francamente desesperados, saben que las encuestas vienen en camino, no hay forma de eludirlas y saben que aquello que les hayan prometido se les puede caer, como la sopa, del plato a la boca.

Excelente fin de semana.

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