La reciente incorporación de Morelos a la nueva Región Centro de la Guardia Nacional, comandada por un general del Ejército, no es un simple reordenamiento operativo: es un nuevo paso en el proceso de militarización de la seguridad pública en México.
Aunque la Constitución señala que estas tareas deben ser civiles, desde 2022 la Guardia Nacional está bajo control de la SEDENA, y ahora sus regiones son dirigidas por mandos militares. Esto contraviene el diseño original de un cuerpo policial con lógica democrática y cercana a la ciudadanía.
La creación de ocho regiones territoriales —entre ellas la del Centro, que agrupa a CDMX, Edomex, Puebla, Tlaxcala, Morelos y otros— consolida una estructura donde las decisiones sobre seguridad se toman con visión castrense.
¿Qué riesgos implica? Una militarización sin contrapesos puede:
- Debilitar a las policías civiles.
- Aumentar el uso de la fuerza sin controles ciudadanos.
- Omitir la rendición de cuentas.
- Afectar los derechos humanos.
México necesita seguridad, sí. Pero también necesita instituciones civiles fuertes, transparencia y un enfoque humano. Fortalecer el rol del Ejército en tareas civiles puede parecer una solución rápida, pero en el largo plazo, podría costarnos caro como democracia.
La seguridad no debe depender de los cuarteles, sino de la justicia, la prevención y el respeto al estado de derecho.






