De la redacción de Avance de Morelos

Durante la administración de Andrés Manuel López Obrador, el tema fue tocado con la punta de los dedos, aseguró «que se haría justicia histórica» a los ex trabajadores del programa bracero pues el gobierno estadounidense retuvo el 10% de sus salarios (de 1942 a 1967) y lo paso a manos del gobierno mexicano, que supuestamente se encargaría de mantener los fondos en una “cuenta de ahorros” para después entregarlos a los paisanos agrícolas, para cuando regresaron a su tierrita mexicana… pues nada, muchas promesas en campaña, muchos abrazos y pocas transferencias bancarias.

Lo cierto es que el fideicomiso que otorgaba apoyos fue eliminado en 2020, durante el sexenio de Peña Nieto, el fideicomiso fue perdiendo presupuesto, hasta convertirse en un fondo simbólico, tan simbólico que no tenía dinero, se evaporándose cualquier posibilidad concreta de pago..

La historia nos dice que en 2003, se creó un fideicomiso para comenzar a saldar la deuda moral y económica, al entregarse apoyos únicos de $38, 000 pesos a unos cuantos, «aunque usted no lo crea» en el gobierno del Panista Felipe Calderón, y a los demás se les dijo: “usted espere, está en la lista… como en el IMSS, pero con menos esperanza y más burocracia.”

Hoy, ni fideicomiso, ni pagos, ni programa vigente. Ahora, con Claudia Sheinbaum al frente del Ejecutivo, el panorama no ha cambiado. Hasta el momento, no se ha anunciado ninguna intención de reactivar el programa ni de buscar un mecanismo alternativo para saldar lo que los propios estudios de la UNAM estiman en más de un millón de pesos por ex bracero. Pero, claro, esas cifras no figuran en las conferencias de prensa ni en los informes de gobierno, es más fácil hablar del chocolate del bienestar que de justicia histórica.

Taurino Castrejón, hace unos años alzó la voz desde Morelos, pero su señalamiento sigue vigente, el olvido institucional hacia los braceros mexicanos es una deuda viva, y cada año que pasa, más de ellos mueren esperando —literalmente— que alguien cumpla.

Organizaciones como el Movimiento Unificado de Ex Braceros mantienen vivas sus demandas, pero el eco en los pasillos del poder es mínimo. Como si hablar de ellos fuera un anacronismo político. ¿Apoyos? Ninguno. ¿Compensaciones? Menos. ¿Esperanza? La justa para seguir marchando… aunque sea con bastón.

Mientras tanto, la “Cuarta Transformación” avanza con otras prioridades. Y los ex braceros, esos que deberían ser símbolo de dignidad laboral y reconocimiento histórico, siguen apareciendo solo en comunicados, carteles de protesta… o en las páginas olvidadas de un archivo gubernamental.

¿Y el dinero? Bien, gracias. Seguramente muy cómodo, escondido entre presupuestos para megaproyectos o asesorías técnicas de moda. Porque, como diría cualquier caricatura política: el olvido también se institucionaliza… solo que aquí, ni con caricatura se ríe el pueblo.

Mientras tanto, en los mítines políticos se sigue hablando de justicia social y “primero los pobres”, claro, siempre y cuando no sean pobres con demandas viejas y documentos en mano, a esos, ni les contestan el teléfono. La experiencia indica que la deuda de los braceros no es prioridad: ni es Tren Maya, ni Refinería, ni consulta popular.

Así que el movimiento de ex braceros continúa, como película en blanco y negro que nadie se anima a remasterizar, miles han muerto esperando, otros tantos siguen tocando puertas, y el gobierno, ese gran personaje de caricatura con sonrisa ancha (muy ancha) y manos vacías, sigue diciendo que “no hay, no hay» y «no hay».

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