Por Rolando Romo Carrillo

A traición huele la Entidad de Auditoría y Fiscalización (ESAF). Desde hace una semana su titular, Vicente Loredo Méndez, anunció a sus directivos su salida a partir del próximo 30 de noviembre. De inmediato y como buitres hambrientos, sus antiguos aliados se apresuraron a acudir con sus contactos en la LIV Legislatura Local, para “negociar” los secretos oscuros de la institución, todo a cambio de ser designados en el lugar del oriundo de San Luis Potosí.

Pero resulta que quienes se aprestan a sustituir a Loredo Méndez, tienen larga cola que les pisen. De acuerdo a la prelación que contempla la ley de la materia, ante la renuncia de Vicente Loredo como Auditor General (y en tanto se designa al nuevo titular), quien deberá sustituirlo es el Director Especial de la Hacienda Pública Estatal, Uriel González Sotelo.

¿Cuál es el cuestionamiento que se le hace a Uriel González Sotelo? Simple: fue colocado como Auditor Especial de la Hacienda Pública Estatal, exclusivamente para cambiar las observaciones detectadas en los préstamos adquiridos (y luego malversados), por el entonces gobernador Graco Ramírez Garrido Abreu. Hizo tan buena chamba, que luego se le ratificó en el puesto en el que permanece actualmente.

La historia es así: cuando se inicia la auditoría especial a los millonarios créditos autorizados y ejercidos por Graco Ramírez, el entonces auditor superior, Luis Manuel González Velázquez, encomendó la revisión a la Directora General de la Hacienda Pública Estatal, Rosa Bahena Juárez, quien realizó una impecable labor fiscalizadora, apoyada en todo el personal que tenía a su disposición, entre ellos el mencionado Uriel González Sotelo, quien entonces era tropa, es decir, no tenía cargo alguno.

Cuando en los primeros informes y pliegos de observaciones se refleja la putrefacción derivada de los vergonzosos desvíos y saqueo de los fondos provenientes de los préstamos, Graco Ramírez y sus diputados cómplices, deciden desaparecer la entonces Auditoría Superior de Fiscalización y crean lo que hoy es la Entidad Superior de Auditoría y Fiscalización. Así, echan no sólo al auditor superior, Luis Manuel González Velázquez, sino también a la Directora General de la Hacienda Pública Estatal, Rosa Bahena Juárez. Al primero lo sustituye Vicente Loredo Méndez, quien rápidamente negocia que la segunda sea sustituida por Uriel González Sotelo, a quien presenta como un leal colaborador. Uriel nunca había sido jefe de departamento, director de área y mucho menos director general, pero por dedazo brinca hasta la segunda posición de importancia de la ESAF, pues es nada menos ni nada más que el funcionario que en ausencia del Auditor General, ocupa la posición, esto de conformidad con la ley de la materia.

Así, aunque cuando estaba bajo las órdenes de Rosa Bahena Juárez, había realizado parte del trabajo de campo en el que se detectaron las muy variadas observaciones resarcitorias en la auditoría especial, posteriormente Uriel González realizó el trabajo sucio, que paradójicamente fue de limpieza, es decir convertir las resarcitorias en simples observaciones administrativas. Hoy en día, se apresta a sustituir a quien le debe todo y mientras a Vicente Loredo se le clavan filosos puñales por la espalda, éste válidamente le puede preguntar a Uriel ¿Tú también Bruto?

Pero no es el único. También quiere la posición el Auditor Especial de la Hacienda Pública Municipal, Víctor Hugo Vargas Ángeles. Y es que en caso de que -junto con Vicente-, también salga Uriel, por prelación él ocuparía el cargo provisionalmente y por eso ya negocia quedarse en definitiva.

Pero en su caso, la cosa está peor que con Uriel. Resulta que es juez y parte en la institución, pues de enero de 2013 a agosto de 2015, ocupó el cargo de Director General de Egresos, en la muy controvertida gestión del presidente municipal de Cuautla, Jesús González Otero, quien recientemente salió de prisión. Por cierto, desconocemos si se excusa de conocer de la revisión de las cuentas de la administración de la cual fue parte, pero lo que es evidente es que dejó morir solo a su ex jefe y sin duda lo mismo hará ahora, es decir traicionar a Vicente Loredo.

Precisamente los egresos de la heroica fueron el motivo por el que González Otero fue imputado por la Fiscalía Anticorrupción, pero mientras éste vivía el infierno en carne propia, en una reducida celda, Vargas Ángeles veía divertido la película, mientras comía sus palomitas.

Así, en los próximos días veremos si reaccionan los nuevos diputados, quienes al parecer no conocen las historias de horror tejidas por Graco Ramírez, ni a los protagonistas de las mismas, pues fieles seguidores del tabasqueño siguen enchufados al presupuesto, lo que equivale a dormir con el enemigo.

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