Por Julián Vences

La huasteca está de luto / Se murió su huapanguero

Ya no se oye aquel falsete / Que es el alma del trovero.

Amigo Isaías, qué privilegio el tuyo llamarte como el mayor de los profetas bíblicos; el único profeta citado por Jesús. Tú, por ser marxista, ignoraste lo que tenías en común con tu tocayo del Siglo VI antes de nuestra era; sin embargo, dedicaste incontables horas de tu vida a hacer lo que aquél: denunciar injusticias y esparcir buenas nuevas. Ya fuera en prensa escrita o radiofónica, en mítines y reuniones, le dabas su repasada a sinvergüenzas de cualquier calaña.

En 1968 te tocó vivir el horror de la matanza del 2 de octubre. Impotente, nada pudiste hacer para auxiliar a varios caídos por la metralla; sentiste las esquirlas vibrar cerca de ti, oliste la sangre de los asesinados a mansalva; todo eso te provocó una indignación que nunca se desvaneció en tu longeva vida.

A mi paso por el PRD conocí dos tipos de gentes:

a) Las infectadas de microfonitis (adictas al micrófono), gentes con ansias de hablar, de hacerse notar, aunque nada relevante expresaran. Tú estabas inmunizado contra este contagio; al contrario, siempre te escogíamos para comunicar mensajes o hacerla de maestro de ceremonias. Por eso fuiste mi vocero durante tres años. Cuando el PRD ganó la gubernatura tú hubieras hecho un buen papel en comunicación, pero no te tomaron en cuenta porque tu lomo, inflexible, siempre rígido, no te permitía sumisión alguna.

b) Las enamoradas del poder, las que levantan la mano diciendo aquí estoy, las que ansían una pizca de poder, por más pequeña que esta sea. De esta malformación también tú te salvaste. Me consta que nunca te anotaste para nada, siempre te propusieron. Como en el año de 1994 que llegaste de diputado plurinominal. Esa ocasión, otro camarada profesor exigía a gritos y manotazos que se le anotara en el segundo lugar; rechazó, con un rotundo ¡No!, el quinto lugar de la lista, y, entonces, Nacho Suárez Huape te anotó sin consultártelo.

El pasado 10 de noviembre, después del sencillo programa con que tus compañeros jubilados te homenajearon y reconocieron por tus años de lucha, quedamos en convivir bohemiamente, como te gustaba.

“Te tienes que echar la canción de Rogaciano”, le pedí.

“Me la echo, aunque de aquel chorro de voz solo me quedó un chisguete”, me advirtió.

Primera foto: 1993. Isaías habla ante el consejo estatal del PRD, momentos antes de la votación para escoger presidente estatal. Compitió contra Nacho Suárez Huape.

Segunda foto: Isaías, acepta su derrota con un abrazo fraterno a Nacho, quien sería segundo presidente estatal del PRD.

Artículos Relacionados

Deja un comentario