*Sin Fondo de Desastres Naturales quedan indefensas familias que habitan en zonas de riesgo

El coordinador del Grupo Parlamentario de Encuentro Social (PES), Jorge Argüelles, se pronunció en contra de la iniciativa presentada por la bancada de Morena que pretende desaparecer los fideicomisos, al considerar que “existen fondos con propósitos sociales y de atención a desastres naturales cuya desaparición traería efectos negativos”.

“No podemos aprobar la desaparición de 44 fideicomisos y dar continuidad a cuatro fondos, ¿qué haremos si el Fondo de Desastres Naturales (FONDEN) desaparece, cómo atenderemos las afectaciones de un sismo?, ya se acerca la temporada de lluvias, debemos hacer lo socialmente correcto y no actuar solo por impulso”, destacó.

Jorge Argüelles dijo estar consciente de la situación económica que dejará la contingencia sanitaria por el Covid-19 y la necesidad de contar con recursos extraordinarios para atenderla, sin embargo se deben revisar de manera puntual y transparente los fideicomisos existentes y dejar los de beneficio social.

Reiteró que DE desaparecer el FONDEN el país enfrentaría un problema aún más grave del que se pretende superar, por lo que llamó a sus aliados políticos a revisar la iniciativa y adecuarla a las necesidades que requiere el país, al considerarlos importantes para la Cuarta Transformación, finalizó.

En sesión virtual, el Comité Municipal de Contingencia Covid-19 (CMCC-19) informó que en Morelos la situación es crítica, debido a que las autoridades sanitarias tienen mil 146 casos confirmados y se han registrado 209 defunciones, 24 de éstas en un último día, una cada hora aproximadamente.

Asimismo, precisó que, con base a estas cifras se alcanzó una tasa de letalidad de 18 por ciento, muy alta con respecto al panorama nacional, y una de las mayores en el mundo. 

Por otro lado, según el reporte estatal en Cuernavaca, se cuenta con 388 casos positivos, 56 defunciones y una tasa de letalidad de 14.4 por ciento. Refirieron que, en los últimos 14 días los casos de Covid-19 están fluctuando entre 12 y 14 casos diarios, lo que significa que hay un nuevo contagio cada hora y media o dos horas en la capital del Estado. 

Los miembros del Comité hicieron un nuevo llamado al gobierno estatal para recibir la información actualizada correspondiente a los casos que se presentan en Cuernavaca con la intención de contar con un panorama completo. 

El CMCC-19, mencionó que las medidas de confinamiento son fundamentales para prevenir la propagación del Covid-19, no obstante, se ha identificado el incremento de diferentes tipos de violencia sin distinción de género, intrafamiliar e incluso laboral por el estrés que se genera.

Por ello, es necesario seguir las recomendaciones sobre salud mental y manejo del estrés, así como evitar el abuso en el consumo de sustancias como el alcohol. Sobre este tema se ha evitado limitar el acceso, lo cual ha prevenido situaciones como las observadas en otros estados y municipios que implementaron la llamada ley seca y derivó en decenas de muertes por la ingesta de alcohol adulterado.  

Por lo anterior, durante esta emergencia sanitaria del DIF Cuernavaca ofrece apoyo para la atención de la salud mental con el acompañamiento de profesionales de psicología de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM) y de instituciones privadas de educación superior.

Para finalizar, los miembros del comité invitaron a la población a seguir la transmisión en vivo de la sesión del CMCC-19, este viernes 22 de mayo a partir de las 9:00 horas a través del Facebook del Ayuntamiento de Cuernavaca.

En este ejercicio de gobierno abierto se dará respuesta a inquietudes sobre diferentes temas relacionados a la pandemia, asimismo, se darán a conocer los temas que este organismo está trabajando actualmente.

En sesión ordinaria del Comité Municipal de Salud de Jiutepec, encabezado por el alcalde Rafael Reyes Reyes, acordaron reforzar en los próximos días las medidas de protección e higiene implementadas en la demarcación a fin de contribuir a prevenir un incremento exponencial en el número de personas contagiadas por el virus SARS-CoV-2 (Covid-19).

Ante la presencia de Elsa Julita Veites Arévalo, funcionaria del Gobierno de México designada por el Presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, como delegada especial para Covid-19 en Morelos, el edil informó las acciones realizadas por la administración que encabeza en cada una de las fases de la epidemia en los ámbitos social, económico, educativo y administrativo.

Durante la exposición el presidente municipal hizo énfasis que ante la falta de una directriz sobre cómo debían actuar las autoridades municipales frente a un hecho inédito, en Jiutepec se ha privilegiado la salud y el bienestar de los más de 200 mil habitantes, así como la economía que se genera en el territorio, la cual en su conjunto abona de manera importante al Producto Interno Bruto (PIB) del estado de Morelos.

Rafael Reyes dio a conocer a Elsa Veites que se mantendrán los operativos para supervisar que los negocios cuyo giro no es esencial o de primera necesidad permanezcan cerrados y en aquellos casos en donde se encuentre resistencia se procederá al cierre temporal, como ha ocurrido en 35 establecimientos.

El alcalde de Jiutepec comunicó a la enviada del presidente de México que la prevalencia de la enfermedad en el municipio es menor a la mostrada a nivel estatal, lo cual genera una buena expectativa hacía adelante para continuar trabajando, pero, recalcó que es fundamental la solidaridad de las personas para evitar aglomeraciones y disminuir la movilidad.

Por su parte, Elsa Veites Arévalo destacó que la reunión resultó fructífera desde el punto de vista de contar información sobre las acciones que se han realizado en el municipio; la delegada hizo hincapié en que solo a través de la coordinación de los diferentes niveles de gobierno, con las medidas que se han implementado, se puede disminuir el riesgo de contagio.

Pide Cuauhtémoc a su gabinete diseñar acciones de reactivación económica

*El secretario de Salud pone en claro que el tema podría abordarse en la quincena de junio

El gobernador Cuauhtémoc Blanco Bravo instruyó a su equipo de trabajo diseñar acciones conjuntas que contribuyan a la reactivación de los ámbitos económico y laboral en la entidad, siempre y cuando las condiciones de la pandemia del coronavirus Covid-19 lo permitan.

En tanto, durante la conferencia diaria sobre el estado que guarda Morelos por la pandemia del coronavirus, el secretario de Salud, Marco Antonio Cantú Cuevas, dejó en claro que la reactivación no se dará como se ha previsto en otras entidades, pues no hay condiciones. Agregó que semanas después del 01 de junio podría iniciar el análisis del tema, no antes, apuntó.

Insistió en que la movilidad en Morelos sigue siendo alta, por lo que la población debe de contribuir cumpliendo con la disposición de quedarse en casa.

La reactivación de no se dará aún como sucederá en otras entidades. Indicó que los resultados negativos se verán de manera drástica sino se contiene la movilización de los ciudadanos. Y puso como ejemplo los altos índices de contagio y mortalidad que el estado presenta.

Y apuntó que ninguna disposición se ha modificado nada por lo que siguen vigente la suspensión de actividades no esenciales, el “quédate en casa”, el distanciamiento social, entre otras.

Cantú Cuevas precisó que en Morelos no hay condiciones para la reapertura de actividades a la «nueva normalidad». Apuntó que es un tema complicado.

Durante la reunión sostenida con integrantes del gabinete estatal, el mandatario enfatizó que para que la reactivación escalonada sea posible en el estado, es necesario mantener todavía las medidas de confinamiento sugeridas desde hace varias semanas por las autoridades de Salud, así como reducir aún más la movilidad social, con la finalidad de detener el ascenso de número de casos de contagio de dicha enfermedad.

Mencionó que si bien, el Gobierno Federal ha anunciado ya un plan de retorno a la «nueva normalidad» en algunas regiones del país, Morelos aún no se encuentra en las condiciones favorables para retomar las actividades laborales y sociales catalogadas como no esenciales.

Blanco Bravo solicitó a las y los titulares de las Secretarías reforzar el llamado a la población de actuar con responsabilidad social en estos momentos difíciles y privilegiar la salud y la vida de la población del estado, con el propósito de superar esta crisis sanitaria de la mejor manera.

En esta reunión de trabajo, el secretario de Salud en la entidad, Marco Antonio Cantú Cuevas, presentó el panorama epidemiológico actual del estado, donde se han reportado más de mil 100 casos de Covid-19, de los cuales 262 están activos.

Asimismo, se refirió a los acuerdos y decretos que puso en marcha el Ejecutivo estatal desde que inició la contingencia sanitaria, y en los cuales se solicitó la suspensión de actividades escolares, así como aquellas no primordiales, tanto en el sector público como el privado, a fin de evitar la propagación del virus entre la ciudadanía y con ello, el colapso de atención hospitalaria en las instalaciones de salud.

Finalmente, el Gobernador exhortó a su equipo a mantener la guardia firme para enfrentar con eficacia las distintas problemáticas y daños que esta contingencia pueda causar en las familias del estado, principalmente a las de mayor vulnerabilidad.

Cuarta y última parte

A fines de 1943 regresé a la fábrica de llantas donde estuve otros tres años para luego volver a Jojutla, al que ya consideraba mi pueblo. Recién había terminado la feria de Año Nuevo. Me vine con una buena indemnización, un montonal de billetes de a peso, de esos colorados y gris oscuro que al frente tenían la columna de la Independencia y al reverso el calendario azteca. Cargaba dos belices retacados con mis tiliches más la guitarra en su estuche.

—¿Qué andas haciendo? —me preguntó doña Lolita, parada en la puerta de su casa.

—Ya me regresé de México. ¿Me da permiso de dejar mis cosas un rato, mientras encuentro dónde acomodarme?

—Yo te rentaría un cuarto que está al fondo, pero con eso de que dicen que eres borracho no me conviene, qué tal si una noche me dejas abierto el portón y se meten los rateros y quién sabe si no hasta perjudiquen a mis hijas.

Total, que doña Lolita recordó que el cuarto tenía tres años desocupado y me lo rentó.

Entrando al cuarto, del techo de vigas viejas y tejas cayó un alacrán, otro poco y me cae en la cabeza. Por las paredes descarapeladas y retacadas de agujeros se desplazaban las cucarachas.

Antes de que oscureciera fui a la tlapalería de Bernabé Pacheco a comprar una bomba llena de flit más una espátula. Sacudí las paredes y fumigué. Al otro día le compré a Juan Rosas cal, yeso y sal gruesa para pintar y resanar. Rosas vendía la cal en costales pequeños, afuera del mercado.

Por quedar bien con Lolita, cambié las tejas rotas; se las compré a uno que le decían La Rata y se llamaba Jesús Ortega y que también hacía ladrillos y tenía un horno grande más adelante de los lavaderos, rumbo al panteón, por donde se cruzaba el río Apatlaco para ir a Panchimalco.

En ese tiempo las calles no estaban pavimentadas. Aún no había drenaje, en todas las casas se usaba agua de pozo. Recién habían metido el agua potable de Chihuahuita; en las esquinas había grifos de donde la gente acarreaba agua en cubetas y botes.

Ese año, poco tiempo después que falleció Lolita, Margarita y yo nos hicimos novios. Ya estábamos grandecitos. Dos veces, de buena manera, se la pedí a Raquel, su hermana mayor, pero de mala manera, dos veces, me la negó.

—Búscate una mujerzuela de las cantinas, de allá no sales. Más te vale que dejes en paz a mi hermana.

No le caía bien a Raquel porque mi ambiente era el de la bohemia, lo mío era la música, los tríos, las serenatas y, sí, para que negarlo, las parrandas.

Hasta el padre Andrés trató de convencerme de que me olvidara de Mago.

Un lunes por la tarde acompañé a Mago al panteón. Llevaba flores a las tumbas de su abuela María Ocampo y de su mamá Lolita. Ella estaba dispuesta a irse conmigo, así es de que nomás depositar las flores, allí largamos la cubeta y la escoba y nos fuimos con lo que traíamos puesto. El taxista Tolín Rojas nos llevó a Cuernavaca. Tolín también tocaba la guitarra e integraba un trío con los hermanos Sedano: Rosendo y Valito, el papá del Pichi. Al otro día, después de desayunar, nos fuimos al centro y nos ajuareamos de ropa y zapatos.

Regresamos a Jojutla a la tercera noche. Encontramos el zaguán atrancado por dentro. Margarita tocó fuerte. Salió una de sus hermanas y le gritó que ya no era bien recibida, que ya no era de la familia. Mago empujó el portón, pero su hermana lo detuvo con tanta fuerza que le machucó horriblemente los dedos. Ella llorando y yo triste, pensamos en dónde pasar la noche. Sólo había dos hoteles: El México, en la calle de la tentación (Pensador Mexicano) y El Fénix, cerca del palacio municipal. Decidimos ir al segundo porque el primero era de paso. Don Manuel Morales, dueño de El Fénix, me estimaba demasiado, por eso le expliqué todo lo que nos pasaba.

—¿Onde crees que les voy a rentar un cuarto? Les prestaré la recámara de mis hijos, ellos están en México.

Al otro día, temprano, doña Sofía Olivares, la mamá de Lino Ocampo —el que fue presidente municipal en tiempos de Lauro Ortega—, enterada quién sabe por quién de lo que nos había pasado, nos fue a ver a casa de don Manuel.

—Muchachos, recojan sus cosas porque los llevaré a su casa.

Y sí, doña Sofía se plantó ante Raquel:

—Mira Raquel, Margarita ya es mayor de edad y tú no estás para escogerle marido, además, la tienes que dejar que viva aquí, porque también ella es tan dueña de la casa como todos ustedes. Hagan las paces.

Como a los ocho meses, doña Esther Borbolla, una de las señoras que hacían campañas para casar amancebados, arregló que unos misioneros nos casaran por la iglesia. Raquel, renuente a tenerme de cuñado, no acudió a la ceremonia. Otros que también se casaron ese día fueron el mecánico Juan Lara Padilla y Conchita.

Fotos: Margarita Rodríguez y Manuel Betanzos

Por Arturo Brito Lilington

* ALFONSO RAMÍREZ CUÉLLAR…

* ELSA JULITA VEITES ARÉVALO…

* VILLALOBOS, SOLANO, ALONSO, JUAN ÁNGEL…

Si a esas vamos que el juez empiece por (Manuel Bartlett, familia y compañía) su casa y en dónde se hizo de mulas Pedro. Ya no hayan ocurrencias e incongruencias qué inventar; ahora, con la jalada de pelos para ‘permitir’ al Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI), revisar patrimonio inmobiliario y financiero de ‘tochos morochos’, sin impedimentos legales, idea sin madre pero con nombre y apellidos: Alfonso Ramírez Cuéllar, «presidente electo del comité ejecutivo nacional de MORENA»; oriundo de Zacatecas, izquierdista toda su vida pero cobra del erario con la derecha; tres veces diputado federal, promotor de diversas organizaciones, protagonista del Movimiento Social en Defensa de los Deudores de la Banca a mediados de los 90’s que consolidaron El Barzón, A. C., a nivel nacional en 1994, y de ese año a 1999, sexenio de Ernesto Zedillo Ponce de León (1994-2000), logró proteger jurídicamente a más de un millón de familias en Ciudad de México.

El Barzón, se fraguó como plataforma de lucha en defensa de los consumidores contra los monopolios: equidad social y económica; combate a la corrupción; defensa de los derechos humanos, de la tierra, del territorio, así como del patrimonio familiar y social, etcétera, etcétera, etcétera; para hoy día pretender que en cada domicilio se verifique riqueza inmobiliaria y financiera de sus propietarios, late a que a Ramírez Cuéllar se le pasó la dosis del uso lúdico de elevadora yerba.

De aprobarse, lo cual carece de viable parece otro distractor en curso circunstancias pandémicas y de proceder hay que iniciar con quienes engrosan gasto corriente pa’ empezar con el presidente e integrantes de los tres poderes de la nación y entidades federativas; gobiernos federal, estatales y municipales, en tanto esa descabellada alucinación expondría, advertido avistamiento, a sus anchas actuar a las delincuencias organizadas y desorganizadas, acrecentar inseguridad marco donde ni Ejército Mexicano, Marina y Guardia Nacional frenarían, aún como sucede al estar doquiera las cosas color de hormigas cuatalatas…

Por su edad sin que se ofenda pues debiera estar acuarentenada en su hogar, al nada trascender en momentos críticos el quehacer de Hugo Eric Flores

Cervantes, ‘súper’ delegado de Bienestar en Morelos, a malpensados resulta sospechoso el arribo de Elsa Julita Veitres Arévalo, y presunción de venir por órdenes de ya saben quien, a picar salsa y establecer pautas para ‘coordinar’ anticipados trabajos proselitistas que calendarizados se supone arrancarán en septiembre venidero, con mira al 2021, año de elecciones intermedias a nivel nacional y territorio morelense con objetivo de votar a diputados federales, locales y ayuntamientos.

Elsa Julita Veitres Arévalo, directora general del Instituto Nacional de las Personas Adultas Mayores (INAPAM), supónese está en Morelos como  ‘delegada especial’ bajo máxima tensión por la transmisión de pandemia mundial que amedrenta patria y entidad, según, ‘para reforzar medidas preventivas (?) ‘apoyar en la lucha contra Covid-19′, gestionar equipo, personal médico’ y combatir contagios. Entonces, pa’ nada sirve Marco Antonio Cantú Cuevas, secretario de Salud en Morelos?  Mientras, cuánto cuesta al erario la presencia de Elsa Julita acá?

Durante su aparición y reunión de la ‘delegada especial’ con alcaldes morelenses, entre ellos: Antonio Villalobos Adán, Cuernavaca; Jazmín Solano López, Temixco; Agustín Alonso Gutiérrez, Yautepec; Luz Dary Quevedo Maldonado, Tetecala; Roberto Adrián Cazares González, Zacualpan de Amilpas; José Fernando Aguilar Palma, Emiliano Zapata, y Jorge Enríquez Pérez Meléndez, Hueyapan, acordaron encuentros con sus homólogos, atender contingencia sanitaria, en tanto solicitaron apoyos para el campo y reactivación económica de Morelos; sin embargo, aún no se saben respuestas de Elsa Julita en unos y otros casos, pero sí que hizo fuchi a representantes de medios de comunicación social al evadirlos en precipitada huída cuando intentaron entrevistarla.

Ayer lunes 18, mayo 2020, Antonio Villalobos Adán, alcalde de Cuernavaca, «sin tintes» políticos, ni partidarios, de colores, ni ideológicos, puso en marcha «Apoyo Alimentario» consistente en despensas, cada una, calculadas para cuatro personas, entendido asunto de llegar a  domicilios sin intervención de líderes sociales y a su vez evitar cuestionamientos en sentido de ser repartidos por servidores públicos.

Desde sede de la presidencia municipal, Villalobos supervisa salida de empaques para entregarlos a sus destinatarios.

La alcaldesa vecina de Villalobos, Jazmín Solano López, presidenta municipal de Temixco, por su parte, re estableció acciones extraordinarias en segundo comunicado a la población para atender la emergencia sanitaria al ordenar la continuación de la suspensión total de las acciones no esenciales, hasta el 30 del mes en curso y/o hasta que la autoridad sanitaria federal lo determine; como evitar uso de albercas, áreas comunes y espacios recreativos o de congregación general en fraccionamientos, condominios y unidades habitacionales; de reuniones sociales o de cualquier carácter que conlleve la congregación de más de 10 personas en un domicilio; asimismo, de los tianguis, mercados sobre ruedas y actividades comerciales en la vía pública; igual, en empresas, locales fijos y semifijos no esenciales; locales de alimentos fijos y semifijos podrán vender alimentos preparados solo para llevar; tiendas de autoservicio, departamentales y panificadoras, restringirán el acceso a las mismas a una persona por familia y observarán de manera obligatoria el cumplimiento de la Jornada de Sana Distancia; establecimientos dedicados a la elaboración y comercialización de masa y tortilla, implementarán las medidas sanitarias correspondientes; suspensión total, inmediata y temporal de venta y consumo de bebidas alcohólicas en todos los establecimientos con dicho giro; suspensión total, inmediata y temporal de los hoteles y moteles que se encuentran dentro de esta demarcación territorial; de las plazas públicas, espacios públicos, deportivos y culturales; y entre otras cosas, de cualquier actividad en los cuerpos de agua ubicados dentro de esta demarcación territorial, de manera enunciativa mas no limitativa las cascadas de Bedolla y el Río Apatlaco.

En apoyo a la población, Solano López, activó suministro de almuerzos y comidas para cuatro mil personas; dotación de vales para surtir gas a madres solteras con niños menores a seis años o familiares con alguna discapacidad; más, «Tu Amiguita la Hormiguita», programa encargado de -lunes a sábado-, suministrar básicos domésticos a precios accesibles en todas comunidades temixquenses.

En Yautepec, Agustín Alonso Gutiérrez, para superar crisis económica proyecta poner a funcionar Tianguis Populares expuesta emergencia sanitaria y entregará 50 mil despensas. Tianguis Populares suministrarán a la población productos de la canasta básica a bajo costo. Alonso Gutiérrez y Johalin Meza Gómez, presIdenta del DIF en Yautepec e integrantes del cabildo reiniciaron apoyos alimentarios en las colonias: Tehuixtlera, Alejandra, Francisco Villa, Vicente Guerrero, Lucio Moreno, Cocoyoc centro del poblado de Cocoyoc y la ampliación Revolución del Sur de la colonia Álvaro Leonel, entregados a familias vulnerables del municipio que resultaron más afectadas por esta crisis económica que ha generado la presencia de coronavirus en el país.

No sólo se trata de entregar despensas y ya, puntualizó Agustín, sino que las familias superen el estancamiento económico en que se encuentra sumido el país con la compra de alimentos a bajo costo; dijo, los productos no serán gratis; no obstante, se buscarán formas para subsidiar la compra y los productos se adquieran a precios de costo en beneficio del mayor número de personas.

Dadas dramáticas situaciones que por pandemia aquejan al mundo, México, Morelos, municipios y localidades de esta entidad, Juan Ángel Flores Bustamante, alcalde de Jojutla, también distribuye apoyos alimentarios, ayer a taxistas y ruteros; semana anterior a habitantes de citado lugar: «en situación complicada porque la estamos pasando muy mal», afirmó. La intención es ayudar con «pequeños respaldos. El ayuntamiento hace el mayor de los esfuerzos en la medida de sus posibilidades», apuntó. Posibilidades para evadir contagios y subsistir que aqueja a millones de personas en todas partes.

Tomado del muro de Julián Vences

Tercera Parte

Foto compartida por Elvia Bertha Ramírez Ocampo. Original del archivo de Jesús Zavaleta Castro.

Manuel y Emilio, mis primos, pusieron quince pesos cada uno para sobornar al líder sindical, un tal Chuy, para que yo entrara de obrero a la llantera Good Year Oxo.

«No creo que aguante la friega, lo veo muy rascuache», aseguró el líder, cuando me llevaron con él.

«Quítate la camisa y enséñale tus brazos», ordenó mi primo Manuel.

«¡Ah cabrón! ¿Haces pesas?» preguntó el sorprendido líder.

«No, soy matancero y tengo la fuerza y la maña para manear y matar lo mismo un cerdo que una res», le expliqué.

Los primeros días, por el trabajo tan pesado, me daban unos calenturones. Muchos entraban y aguantaban lunes y martes, pero el miércoles ya no regresaban ni a cobrar, por las fiebres tan altas que les daban. Yo lloraba. “¿Dónde me vine a meter?”, pensaba. Pero me aguanté. Cuando hacía frío no había problemas, la sufridera era en tiempos de calor. Como un mes tuve fiebres y, ni modo, así me presentaba a trabajar. Para la mayoría de obreros yo era medio lambiscón o lambiscón y medio, porque me acomedía a lavar los coches a los señores Perry y Smith, los chinguetas gerentes de la empresa. A los dos meses me mandaron al departamento eléctrico, a lidiar con el alto voltaje. Por cuenta de la fábrica me mandaron a la escuela de electricistas de la CROM en Tacubaya. Trabajaba y estudiaba; así me la llevé tres años. Usaba pantalón de peto, con bolsas. Tenía que estar muy abusado, porque si no, si en un descuido hacías tierra, me cargaba la huesuda. Me daban guantes de seda, y aun así, sentía cómo me pasaba la corriente eléctrica.

Durante cinco años trabajé duro, sin venir a Jojutla. Pa’que venía, si mi papá me había despreciado.

En febrero de 1940 salí de vacaciones. Recibí dos sobres con $17.50 en cada uno, el equivalente a mi sueldo y vacaciones pagadas. Decidí venir a Jojutla. Aquí había rebumbio porque recién se había instalado aquí una partida militar. El coronel Rafael Cancino Palacios estaba al frente de un pelotón de diecisiete soldados; traían la encomienda de combatir al alzado Enrique «Tallarín» Rodríguez, un ex zapatista de los rumbos de Huautla, quien comandaba un grupo de gente armada, famoso por haber tomado las plazas de Tepalcingo y Axochiapan. Los militares estaban acuartelados en casa de mi tío Rafael Barrios, frente al hotel El Rinconcito, donde después funcionó por muchos años el Hotel Del Prado. En ese tiempo la hoy calle Cuauhtemoc se llamaba Sufragio Efectivo y la hoy calle Hidalgo se llamaba No Reelección.

Aquí en Jojutla empecé a hacer instalaciones a los pocos negocios que tenían plantas eléctricas, por ejemplo, la fábrica de hielo de don Rafael Marure y su socio Manuel Pardo (españoles) o la otra fabriquita de hielo de los Valladares, la competencia de Marure. Como a la semana ganaba lo mismo que en la fábrica de llantas, decidí quedarme.

Por esos tiempos hice amistad con dos personas: Chucho Noguerón —propietario de una fabriquita de refrescos de limón y grosella, ubicada donde hoy es el cine y pasaje Robles— y Bernabé Pacheco, quienes se llevaban muy bien con Tomás Rosales, esposo de mi tía Isabel Barrios.

Rafael Barrios, en su casa, tenía trojes de maíz. Los de Xoxocotla le prestaban yuntas para sembrar y cultivar la tierra. Por cada yunta les retribuía dos cargas de maíz, una carga eran dos costales llenos como de ochenta kilos cada uno. De eso vivía mi tío, no le faltaba nada a sus hijos.

Hice montón de amigos: Roberto Barrios El Hueso, Nereo Altamirano Vargas y su hermano Chabelo, Agustín Avilés que antes de hacerse peluquero fue empleado de correos y telégrafos, mi primo Guillermo Rosales, Manuel Mondragón El Candil, El Chato Martiní, Luis Mastache, Jesús Vargas Tamayo El Charro hermano de Lupe la Jaraleña —oriunda de El Jaral, Guanajuato—, los hermanos Emiliano y Sixto Rodríguez —vivían en la Plazuela del Zacate, colindantes con don Vicente, el curtidor de pieles y que fue presidente municipal por un año—, los hermanos Severo y Manuel Gutiérrez, el primero montaba toretes.

Allá por febrero de ese año, por mitotero, se me sale decirles a todos esos amigos que me gustaría integrar un grupo juvenil que recibiera instrucción militar para marchar en los desfiles del 16 de septiembre. Todos estuvieron de acuerdo. Acordamos ir a platicar con Cancino Palacios y que yo le expusiera la idea. Yo ya tenía trato con Cancino porque Chucho Noguerón, que ya era su amigo, me lo había presentado días antes.

“Señor coronel —se me adelanta Manuel Mondragón— para el próximo 16 de septiembre queremos desfilar como un contingente militarizado y queremos que usted nos instruya”.

Me enojé con mi tocayo porque no respetó lo acordado.

El coronel nos dijo que él

“Personalmente no podré instruirlos, pero les asignaré al profesor Salvador”.

Ese profesor era taquimecanógrafo, yerno del mayor Juan Alvarado Bernal, asistente del coronel Cancino. La instrucción militar nos la dieron en el asoleadero de La Perseverancia. Éramos 39 jóvenes, incluidos los cinco tambores, el corneta (Manuel Mondragón) y jovencitas como Luz Ocampo, Margarita Rodríguez, Elvira Noguerón, Graciela Villegas que ya trabajaba en la fotografía a la vuelta del Ayuntamiento, hija de don Albino, un charro de Panchimalco, suegro del Paricutín, un colimense avecindado que aquí instaló una nevería, en la propiedad de Fernando Córdova Soto. Don Albino también trabajaba en la imprenta de Roque Román, allí juntito de la comandancia.

Tito Maldonado quedó como primer comandante y Nereo Altamirano como segundo comandante. Por cierto, tengo una foto en la que no aparezco porque fui quien la tomó. En una ocasión Cancino Palacios, acompañado de su esposa, llegó sorpresivamente a La Perseverancia a constatar qué tan bien instruidos estábamos.

—Los vamos a mandar a la veinticuatroava zona militar para darlos de alta en el ejército. Serán soldados con todas las de la ley. Integrarán una sección militarizada.

Fuimos a Cuernavaca y nos tomaron las huellas y nos hicieron firmar papeles. Después de eso nos mandan unas carabinas de un tiro, de esas de espérame tantito, bien pesadas. Seguimos entrenándonos con mucha disciplina. Cada quien compró, por su cuenta, los aditamentos: pantalón y camisola caqui, cuartelera, botas cafés. Nos mandaron unas polainas viejas apestosas a cuero. Desfilamos el 16 de septiembre. El presidente municipal era Humberto Córdova Soto.

Meses después nos llevaron a desfilar a Cuernavaca, era una primero de mayo; en el balcón del Palacio de Cortés estaba ni más ni menos que el presidente de la república, Manuel Ávila Camacho. Finalizado el desfile, como a las 2 de la tarde, nos hicieron subir al Palacio. Cancino se paró el cuello ante el presidente. Ávila Camacho le ordenó a un general:

«Los integrantes de esta sección militarizada, a partir de ahora, tienen el grado de soldados de primera y se les pagará su quinta», ordenó Ávila Camacho a un general.

Nos ilusionamos. Regresamos bien contentos. Hacíamos rondines en las noches.

Pero qué va, nunca nos pagaron nada ni llegó papel alguno con el nombramiento. Ah, pero eso sí, nos ordenaron salir a corretear al mentado Tallarín; y, la mera verdad, Manuel Mondragón y yo, asustados, lloramos, quizá también por el coraje de que no nos cumplían las promesas. Por esos días también nos ordenaron treparnos en las azoteas para vigilar, por varias noches, ante la inminente incursión armada de Rubén Jaramillo, quien amenazaba, con su gente, tomar a punta de balazos la plaza de Jojutla; para fortuna nuestra ese ataque nunca ocurrió.

En octubre nos desarmaron; las viejas y pesadas carabinas se las llevaron a Cuernavaca. Para el año 1942, con esos jóvenes de la sección militarizada y otros más que se sumaron, formamos un comité pro electrificación de Jojutla. En ese comité participaba como tesorera Lupita —La Chala, mamá de Chucho Flores Carrasco—, Bernabé Pacheco, José G. Nava, Chucho Noguerón, mi tío Tomás Rosales, Rafael Marure, Tito Maldonado Mastache, Manuel Zepeda. A propósito, a Tito, deberían hacerle un monumento, porque él dijo: «No es justo que aquí en la planta del Amacuzac, en nuestro municipio, generen la luz y se la lleven pa’México, mientras nosotros nos alumbramos con candiles y quinqués». Por cierto, en las noches, en el mercado, se hacía una humareda del carajo por tanto candil. Ese mercado lo construyeron en 1935, cuando Mayolo Alcázar era presidente municipal. Por cierto, a Mayolo lo asesinaron de un artero balazo en la cantina de María La Marimba, ubicada frente a la gasolinera de Emilio Castrejón, lo mató Cosme —un chaparro que cargaba una pistolita—. Corrió la versión de que Mayolo se burló de la poca estatura de su victimario. Ese fatídico suceso me afectó demasiado. Ese día nos habían contratado para cantar en Cuernavaca, en el aniversario de la cervecería Cuauhtémoc. Como a las ocho de la noche veníamos de regreso, yo traía puesto el sombrero de charro que Mayolo me había prestado y de repente escuché un balazo, un estruendo muy fuerte dentro de mi cabeza. Los demás no lo escucharon. Fue una premonición. «Algo pasó en Jojutla, oí clarito un disparo» les dije a mis compañeros. Llegando a Jojutla nos dieron la terrible noticia.

Para costear el tendido de los cables eléctricos y de los postes, hacíamos bailes, jaripeos, kermeses. Me tocó ir, solito, a pedir donativos a Tlaquiltenango. El señor Buenfil —dueño del molino de arroz— me dio 50 pesos para los pasajes a México. El autobús cobraba $3.50, así es de que fuimos varios en comisión. Juntamos seiscientos sesenta pesos. Los primeros postes que pusieron eran de madera enchapopotada, de esos que todavía ponen para el teléfono. Cuando alumbraron el zócalo qué bonito se veía el kiosko, aquél kiosko de herrería que un político se llevó a su casa, eso dijeron, cosa que a mí no me constó.

Sin que yo buscara el beneficio personal, la metida de la luz me convino. También hubo perjudicados, ¿quiénes?, pues los que tenían expendios de petróleo. Pero nunca fue nuestra intención arruinarles el negocio.

En una ocasión, mientras terminaba las maniobras para meter la luz en la primaria de Juan Jacobo Rousseau e iba bajando del poste donde hoy está la clínica del doctor Zurita, se me acercó un grupo de señoras.

«Manuel, ayúdanos a conseguir que el gobierno ponga una secundaria en Jojutla; los chamacos que terminan la primaria y quieren seguir estudiando, tienen que ir hasta Cuernavaca», dijo una de las señoras.

Les comenté lo dicho por Jesús Noguerón: «Si al gobierno ingrato e insensible no le interesa poner una secundaria, los jojutlenses sí la podemos poner, ¿cómo?: cooperando».

«Nosotras estamos dispuestas a apoyar» dijo una señora.

Fue así como los que anduvimos en la metida de luz nos movilizamos para que lo más pronto posible, en Jojutla, hubiera escuela secundaria.

Recordé que un día, Jesús Pichardo, excapitán zapatista, me dijo: «Acompáñame a Tlaquiltenango, te voy a presentar un amigo, él será el próximo gobernador». Me llevó a una casa frente al convento de Santo Domingo de Guzmán. Su amigo, un hombre chaparrito, exteniente coronel zapatista, se llamaba Elpidio Perdomo. Pues me acordé de Perdomo, ya era gobernador. Lo fuimos a ver. Nos atendió rebién. En mis manos depositó dos bolsas de lona: diez mil pesos, pura plata 0.720.

En la fábrica de hielo y maderería de Marure le entregué el dinero a La Chala, la tesorera. Le dio harto gusto.

Aquí donde hoy está el auditorio Juan Antonio Tlaxcoapan, había una gran construcción a lo largo y ancho de todo el terreno, con amplios corredores y en el centro tenía un gran patio. Del lado de la avenida principal, o sea del frente y del costado por la calle González Ortega, los cuartos tenían balcones. El techo de bóveda catalana, a casi cuatro metros de altura, lo sostenían rieles de ferrocarril, las gruesas paredes unas eran de adobe y otras de mampostería; en esa propiedad funcionaba el Banco Ejidal. El propietario era fabricante de galletas y sopas de apellido Cuétara, socio y amigo de Marure. Un empresario yucateco estaba en tratos con él para comprarle y hacer un hotel.

En la recaudación de fondos cooperó mucha gente, hicimos bailes, kermeses, jaripeos. Los ejidatarios prestaron la madera para montar el corral de toros allí donde hoy es la Alameda, a un costado de los lavaderos.

A fines de 1942 se compró la casona en $26,000. En abril de 1943 arrancó la secundaria. La primera directora era una profesora llegada de Puebla que duró un ciclo escolar; Ángel Pérez tocaba el piano y daba clases de música. El maestro de carpintería fue José Buenaventura Avila, padre del profesor Ricardo Avila Moyado (El Matarratas), un maestro que siempre usaba camisa blanca con las mangas arremangadas. Propuse que el director fuera Arístides Muñiz Rumbo, maestro en la Juan Jacobo; Tan buen director fue que duró muchos años.

Por ese tiempo mi papá enviudó por segunda ocasión y rentaba un cuarto al Sancarrón, en la calle Himno Nacional; yo nomás llegaba allí a dormir, procuraba llegar lo más noche posible y en cuanto me quitaba el cinturón donde colgaban martillo, desarmadores, pinza de cortar cable y recargar la escalera en la pared, me acostaba. Segunda foto: Primera Generación de conscriptos de Jojutla.


Primera Generación de conscriptos de Jojutla

Como parte de los acuerdos tomados al interior del Comité de Contingencias del Municipio de Jiutepec, ante la venidera temporada de lluvias, la tarde de este lunes iniciaron los trabajos para retirar dos mil metros cúbicos de azolve en el predio conocido como Laguna Seca.

El presidente de Jiutepec, Rafael Reyes Reyes dio a conocer a través de un video que la acción es posible gracias a la coparticipación de la Comisión Estatal del Agua (CEAGUA) y del Sistema de Conservación, Agua Potable y Saneamiento de Agua de Jiutepec (SCAPSJ).

Los trabajos tienen como único  objetivo reducir las posibles afectaciones como consecuencia de las fuertes lluvias que se esperan en las siguientes semanas como parte del temporal, al ser considerada Laguna Seca un punto de alto riesgo de la colonia Vicente Guerrero.

Reunido con vecinos, el edil resaltó que en los próximos días el reto será evitar inundaciones en los diferentes centros de población, para lo cual se han venido realizando la limpieza de canales, apantles y barrancas, asimismo se espera la llegada de un camión vactor.

Tomado del muro de Julián Vences

Segunda Parte

Foto compartida por Elvia Bertha Ramírez Ocampo. Original del archivo de Jesús Zavaleta Castro.

Recordé a Don Manuel Betanzos Legaspi, fallecido hace dos años a la edad 102 años de edad. A continuación, un extracto de lo que me relató:

—Te irás a vivir con mi hermano Elpidio —me previno la tía, tres semanas después.

Este tío vivía por ahí en la Plazuela del Zacate, donde hoy está la biblioteca. Tenía un corral grande con vacas, caballos, gallinas. También tenía carnicería en el mercado. Su esposa, Petra Ocampo, era una señora bonita de Tilzapotla.

Por este tío me enteré que mi padre se había traído de Tomatlán a una muchacha —Rubina Campillo— con la que tuvo tres hijos —Rafael, Chabela y Lupe.

—Mira cabrón —me leyó la cartilla el tío Pillo— aquí, si no trabajas, no comes. ¿Entendido? Te me duermes temprano porque a las cuatro de la mañana, candil en mano, irás al rastro a vigilar al pinche matancero que apodan el Cuarterón, para que no me tronche la carne.

Dormí encima de un montón de cuascles, las cosas esas que les ponen a los caballos abajo de la silla de montar. Desperté con el pescuezo adolorido. En la espalda pesqué una urticaria que la traje varias semanas.

Al tercer día le dije a mi tío que prefería dormir en el rastro, él chasqueó la boca, dando a entender que le valía sorbete. El rastro —mi dormitorio por cinco años— estaba en la esquina donde funcionó muchos años la tienda del ISSSTE. A la intemperie, al pie de un enorme güamuchil amargo, entre sus gruesas y salientes raíces me acurrucaba rodeado de un montón de perros. Lo hacía por dos razones: por el calorón y por los paredones de adobe negros de tizne. La gente decía que en tiempos de la Revolución en esos paredones fusilaron e incineraron a cientos de zapatistas. Sólo me guarecía en los cuartos cuando llovía.

Un día, doña Jovita Sánchez, mamá de Espiridión El Piri Arenas, de Hermelinda y de Ranulfo Vázquez El Verdugo, llegó con un perro —el Turco— que, meneando la cola corrió a olisquearme. Le caí bien. Nos hicimos amigos. Me sirvió de almohada infinitas noches, hasta que los demás perros nos atascaron de pulgas.

En el rastro conocí a los Camacho —José, Miguel, Epifanio, Filiberto, Magdaleno, Serapio y Macrina— estirpe de excelentes matanceros. A José le apodaban El Mocho porque tenía una cicatriz en el labio superior que le quedó de cuando de niño le operaron el labio leporino.

Pronto me convertí en matancero. José El Mocho Camacho me enseñó a manear, matar y destazar reses y cerdos. Mi ayudante era el jovencito Alfonso Popoca El Gigante. Luego me instruyó en el arte de tasajear la cecina. Trabajé de matancero para Rodrigo El Caito Abúndez y para Alejandro García. Me pagaban a $1.90 por matanza —en ello iba incluido la arrimada del animal al rastro, la lavada de la panza para quitarle la bazofia con agua caliente y la acarreada del canal a la carnicería.

Cuando andaba yo en los diez y ocho años me enamoré perdidamente de Reyna Valle, hija del taxista Alfredo Valle Rea. Ella prefirió irse con un chofer posturero que le trabajaba el taxi a su papá. Por ella derramé un montón de lágrimas y compuse mi primera canción: «Muero de amor»:

Muero de amor, muero por ti;

sin tus besos, mujer,

yo no puedo vivir;

sin tus caricias me siento morir.

Nunca olvidaré lo que pasó

cuando abandonaste mi corazón,

sabiendo que serias mi perdición.

Tristes días que paso yo

con vino enloqueciendo mi corazón

a ver si así llega el olvido

y si no, morir por tu amor.

Esa canción la grabó Jesús Vargas Tamayo El Charro, cuando se fue para Acapulco, huyendo de la epidemia de polio que asolaba el estado de Morelos y no quería que la contrajera su hijo recién nacido. Tiempo después nos encontramos y me confió que presumió la canción como si fuera de su inspiración.

En el año de 1935 conocí a mi primo Manuel, hijo de mi tío Elpidio; él vivía en México y trabajaba en la fábrica de llantas Good Year Oxo; vino a Jojutla por la feria de año nuevo.

—Jijos de la mañana, qué bonito tocas la guitarra. ¿Qué chingados estás haciendo aquí? Te estás desperdiciando. Ándale, mañana te vas conmigo para México, sirve que a lo mejor con la distancia se te apacigua el dolor por la novia que te ganaron. Primo, andas rebién jodido por esa muchacha; hasta te puedes morir de decepción si sigues aquí.

Antes de irme a México con mi primo Manuel, vendí la guitarra que le había comprado a don Agustín Sánchez. Me la compró en veinticinco pesos don Pancho Camacho, esposo de doña Ester Begoña y dueño de la tienda La Universal que estaba merito donde hoy es Elektra. Esa guitarra la cuidaba yo como la niña de mis ojos; me deshice de ella porque a México no me podía ir sin dinero, que tal y me tardaba en conseguir trabajo. Además, pensé que con lo que ganara en mi próximo empleo me podría comprar otra y hasta nueva.

Tomado del muro de Julián Vences

Primera parte

Foto compartida por Elvia Bertha Ramírez Ocampo. Original del archivo de Jesús Zavaleta Castro.

Recordé a don Manuel Betanzos Legaspi, fallecido hace dos años a la edad 102 años de edad. A continuación, un extracto de lo que me relató:

—Ten veinte pesos para que vayas a ver a mi compadre —me dijo mi padrino Hilario Chagoyán, allá en Córdova, yo tenía 12 años de edad, nos había abandonado luego de que murió mi mamá—. Lo encuentras en el mercado de Jojutla.

Me indicó cómo viajar en tren: «En la estación de la colonia Esperanza tomas el que va para Huamantla, ahí trasbordas a Puebla, de Puebla te diriges a Cuautla, de Cuautla te vas a Jojutla».

…Me urgía encontrar a mi papá …Ansiaba verlo porque era mi padre, porque me hacía falta su cariño, que me abrazara, que me consolara. Era yo sangre de su sangre.

Como andaba con la pata a raiz, antes de sacar el boleto, me compré unos huaraches tejidos, suaves y bonitos; pagué siete pesos con sesenta centavos. Mi equipaje era una bolsa colorida de ixtle; dentro traía un par de calzones de manta, una camisa y un pantalón. En pasajes hasta Jojutla me gasté como once pesos y tres en tamales, atoles, enchiladas y una que otra golosina.

Un 13 de febrero de 1928, la víspera de San Valentín, llegué a la estación de Jojutla como a las seis de la tarde. Caminé hacia el centro por la vía del tren de mulas —propiedad del español Francisco Calderón— en el que acarreaban arroz al molino San José. «Órale Valeco» oí que alguien le gritó al conductor de ese tren. Sobre la calle principal, de terracería, que en ese tiempo no se llamaba Constitución de 1857 sino Ignacio Manuel Altamirano, afuera de una fonda, en el preciso lugar donde ahora vivimos, recostada en una mecedora de mimbre, una anciana tomaba el fresco.

—Señora, buenas tardes, me puede decir dónde está el mercado.

Al ver mi cara de fuereño, la mujer me soltó una retahila de preguntas.

—¿Cómo te llamas?, ¿de dónde eres?, ¿cuándo llegaste?, ¿qué buscas?

—Me llamo Manuel Betanzos Legazpi, vengo de Córdoba, Veracruz, busco a mi papá Juventino.

—¡Ah!, entonces eres sobrino de Pillo y de Glafira.

—A ese tío no lo conozco, pero a mi tía Glafira sí, porque ella nos visitó varias veces en Córdoba.

La anciana, primera amistad que hice en Jojutla, se llamaba María Ocampo, la madre de la señora Lolita.

— Allá en la esquina —con la mano extendida me señaló hacia donde el sol estaba a punto de morir— hay unos arcos; ahí inicia una calle empedrada nombrada Virginia Fábregas, por allí llegas a las carnicerías.

El lugar que me indicaba es donde hoy es la tienda Neto y antes fue Elektra. En esos arcos, propiedad de las señoritas Vergara, los sábados, se instalaban los que venían de las rancherías a vender ocote, leña y carbón. En ese lugar también estaba la fonda de doña Margarita, mamá de Josefina, la del hotel México, y de otra muchacha que declamaba muy bonito.

Aunque ya estaba casi oscuro, a veinte metros de distancia, desde la acera de enfrente, distinguí a mi padre con sus enormes bigotes de zapatista. Su casilla, en la mera entrada, se alumbraba con una temblorosa llama de candil. De su mano izquierda colgaba una tira de cecina; con la mano derecha empuñaba una daga y cortaba la carne para pesarla.

—¡Papá! —grité con gran gozo, sin preocuparme que la gente me oyera.

—¿A qué viniste? Regrésate a tu pueblo, vete con tu raza.

Y a llorar se ha dicho. Mis cachetes ya estaban acostumbrados a servir de resbaladilla de las saladas y abundantes lágrimas. Era yo de lágrima veloz. Jamás me imaginé que mi padre me echara esa cubetada de agua helada. En lugar de que me abrazara, de que le diera gusto verme, le dio coraje, me regañó. Lo miré tan fuera de sí y con ganas de tundirme a golpes, pero se contuvo, quizá por el qué dirá la gente.

En eso, para mi fortuna, aparece mi tía Glafira y oye la maltratada que me había dado mi papá. Traía la canasta colgada del brazo, lucía unas trenzas largas.

—¬Manuelito, ¿qué andas haciendo por acá? ¿Cuándo llegaste? —¬¬Me abrazó con harto afecto.

—¬¬¡Qué ingrato eres Juventino! ¿Cómo puedes tratar así a tu hijo? ¿Por qué le haces esos desprecios?; pobrecito, te viene a ver de tan lejos, tanto que ha sufrido —¬¬llorando, reclamó mi tía.

Yo no paraba de llorar. Me consoló diciendo que me quedaría con ella. Su casa —en realidad era de su tío Tomás Rosales, esposo de Isabel Barrios— quedaba a un costado de la Iglesia de Nexpa, enfrente de donde hoy es sanatorio.

Ah jijo, mi tía tenía seis escuincles de dos maridos. Juvencio Bello el más chiquito y rete chillón. Se había casado jovencita con José Ocampo, de Tilzapotla, con él engendró a Indalecio y a Guadalupe que estaba medio bizco. Me tocó dormir con Lupe, en un catre de lona. Yo cargaba una terrible mortificación: me orinaba en la cama.

Al otro día, temprano, mi tía entró al cuarto a despertarme. Mi primo, gimiendo, me acusó de que lo había meado. Nomás meneó la cabeza al verme empapado.

—Párate y cámbiate. Ve a la esquina de allá atrás, en la calle Guerrero, le dices a don Agustín Sánchez que vas por la leche, que eres mi sobrino.

En lo que don Agustín me despachaba la leche vi que en la pared colgaba una guitarra.

—¿Usted toca la guitarra?

—No. Me la dejaron empeñada. Lleva meses ahí, empolvándose.

—¿No la vende?

—Sí, en veinte pesos. ¿Te interesa?

—Me interesa, pero no tengo ni un centavo.

—¿A poco sabes tocarla?

—Sí. Me gusta. Viera cómo ansío tener una propia.

—Pues llévatela, te la dejo en dieciocho pesos. Me la vas pagando como puedas…

Regresé a prisa, deseoso de enseñarle a mi tía lo que yo sabía hacer. Antes de que le explicara lo de la guitarra, mi tía me tendió una taza.

—Tómate este remedio. Tú te cargas en el estómago un enfriamiento. Con esto te compondrás. Te hice este té de canela, hinojo y tomillo mezclado con miel de abeja.

Le hice gestos al brebaje; no quería tomármelo.

—Si no te tomas el remedio, hay otra solución: en la noche, antes de dormirte, te amarraré tu cosa esa con una liga. ¿Eso quieres? No me quedó de otra que empinármelo de un jalón. Y santo remedio, me curé para siempre.