Perspectiva

Por Marcos Pineda

Si el reinicio de actividades que se ha denominado la “Nueva Normalidad” se redujera simplemente al retorno a nuestras actividades cotidianas conservando medidas sanitarias de prevención de manera personal, no sería necesario tomar dos semanas para preparar y difundir los detalles acerca de qué se permite y qué no en cada uno de los colores del semáforo con el que tendremos que vivir en adelante.

Hasta que haya una vacuna o un tratamiento específico para el tratamiento para Covid-19 resulta indispensable no difundir desinformación, como la que circula en redes sociales, sobre recetas como que el virus se neutraliza con aspirinas, tés, vaporizaciones y remedios similares. La difusión de estas falsedades es una perversa irresponsabilidad de claros tintes criminales y creer en ella supera lo que podríamos calificar como ingenuidad, ignorancia manipulable o de plano una tácita y conmovedora estupidez. También para eso servirá el semáforo, si lo incrédulos se ven obligados a hacerle caso, y se logra reducir la cantidad de rebrotes que pudiera haber.

La Nueva Normalidad supone no sólo la permanencia de las medidas de sana distancia y de higiene personales, sino también la disposición de reglas para cada uno de los colores del semáforo en las actividades productivas, de servicios y de esparcimiento, y lo mismo en la manera en que se volverán a ocupar los espacios públicos, ya sean abiertos o cerrados. En otras palabras, en los próximos días las autoridades federales irán definiendo qué reglas le corresponden cada uno de los colores del semáforo.

Por lo pronto, se está detallando cuáles serán estas reglas para el semáforo en rojo, en el que se incorporarán la minería, la industria automotriz y la construcción a las actividades productivas que abrirán sus puertas a partir del primero de junio. Y mucho ojo, si hay rebrotes, si se presentan contagios que supongan la posibilidad de riesgo de saturación de los servicios médicos se daría marcha a atrás y se suspenderían de nuevo esas actividades. Y claro, mientras las camas en los hospitales alcancen no se dará marcha atrás.

Los gobernadores podrán tomar decisiones en los estados que gobiernan, pero en ningún caso las medidas que decidan podrán ser menores a las que establezca la federación de acuerdo a cada color de cada semáforo. En nuestro caso eso significa un respiro, porque dejar el total de las decisiones en manos de Cuauhtémoc Blanco sería, con toda franqueza, muy atemorizante, bastante arriesgado y de plano irresponsable.

Para iniciados

Mucho ojo, Penélope Picazo y Gerardo Becerra: Las renuncias en el gabinete de Cuauhtémoc Blanco ya están cobrando facturas, pero lo están haciendo contra las personas que no tendrían por qué pagarlas. Varios funcionarios de mediano nivel de la Secretaría de Obras Públicas están siendo presionados para que firmen y así avalen documentalmente justificaciones sobre la erogación de recursos que fueron desviados, de obras que no se llevaron a cabo, por ejemplo. Están tratando de ocultar el cochinero administrativo que dejó Fidel Giménez Valdés, que podrían llevarlo al banco de los acusados tras una auditoría seria, con la que sus sueños de ser candidato a la presidencia municipal de Cuernavaca se derrumbarían, como castillo de naipes. Si le están ayudando a Fidel a tapar los baches dejó su administración mal harían y mal haría Morena si lo quiere considerar en alguna candidatura, con tales antecedentes.

Excelente martes.

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