• Encabezó la ceremonia cívica conmemorativa al Día Nacional de la Protección Civil

El gobernador Cuauhtémoc Blanco Bravo asumió el compromiso de no descansar hasta que haya una reconstrucción total, luego de las afectaciones registradas por el sismo del 19 de septiembre de 2017, igual como lo hiciera en su momento el Presidente de México, Andrés Manuel López Obrador. Lo anterior al encabezar la ceremonia cívica conmemorativa al Día Nacional de la Protección Civil, en donde la bandera fue izada a media asta en señal de luto, para recordar a las víctimas por los sismos del 19 de septiembre de 1985 y 2017.

Perspectiva

Por Marcos Pineda

El pasado día 15 de septiembre por la noche cenaron, con costo al erario público, alrededor de 400 personas, que deducimos salió de a mil pesos por cada una de ellas, más otros poco más de cien mil pesos en decoraciones, de acuerdo a lo que declaró la secretaria de administración del gobierno del estado. Mirna Zavala dijo que fue una cena “austera”, “muy mexicana” e hizo hincapié en que la menor parte del costo fue el que correspondió al área a su cargo, mientras la mayor se debió a los requerimientos de la Secretaría de Educación y de la Jefatura de la oficina del gobernador.

Aunque la oficina de comunicación social del gobernador censuró a los medios de comunicación, impidiendo que cubrieran la celebración del 209 aniversario del grito de independencia, sin justificar tal medida, no tardaron en salir los trascendidos y comentarios de los propios asistentes, es decir de los invitados por “El Cuau”, sus funcionarios, familiares y amigos. ¿Qué pretendían ocultar, negar o hacer que no cobrara relevancia en esta que es la más importante conmemoración anual de los mexicanos?

Los trascendidos y secretos a voces coinciden en que la censura no fue tanto porque desde temprano comenzaran a llegar familiares y amigos del gobernador formal de Morelos, sino porque entre los presentes se encontraría a Ulises Bravo Molina, medio hermano de “El Cuau”, quien ha sido evidenciado en medios nacionales por intervenir en la política estatal, participar en reuniones privadas con legisladores locales y federales, dictar instrucciones a funcionarios públicos y representantes populares y hasta acudir a presidencia de la República para tratar temas, que en todo caso correspondería atender al gobernador y no a este personaje que ya ha sido bautizado popularmente como el “hermano incómodo”.

Haberse descubierto la participación en diálogos y acuerdos de un personaje que no es funcionario público, ni representante popular y que en teoría no tendría ningún interés en temas de gobierno y política interior es bastante delicado. Podría incluso configurar la comisión de delitos como el tráfico de influencias, mismo que podría llegar a involucrar al gobernador del estado, al grado de que pudieran fincársele responsabilidades penales.

El silencio del gobierno al respecto y la censura de sus áreas de comunicación social a los medios sientan un mal precedente y dejan un mal sabor de boca.

Para iniciados

A menos de un año del gobierno en la práctica de José Manuel Sanz Rivera, los tres poderes del Estado de Morelos están en crisis. En el legislativo siguen sin poder ponerse de acuerdo para renovar sus órganos de gobierno y administración. En el judicial traen una disputa por la legalidad de los actos de los magistrados, que tiene sumido en la parálisis al pleno, mismo que debería estar resolviendo asuntos muy relevantes. Y en el Ejecutivo, el pleito por el poder y el control de los recursos tiene enfrentados entre sí a los más cercanos al gobernador. De seguir esta ruta, de no corregirse, el Estado de Morelos podría llegar a niveles de ingobernabilidad. Hay quienes piensan que esa ingobernabilidad podría ser motivo para que el Senado de la República declarara la desaparición de poderes en Morelos.

INDEPENDENCIA DE MÉXICO: FORTALEZA DE NUESTRA DEMOCRACIA

Por Francisco Hurtado Delgado

Magistrado del Tribunal Electoral del Estado de Morelos

En el marco de la conmemoración de los 209 años del inicio de la Independencia de México, me parece oportuno resaltar que este acontecimiento histórico ha significado un afianzamiento de nuestra democracia y la fortaleza de las instituciones para hacer de nuestra nación un México moderno; si es así vale la pena preguntarse ¿Sí la independencia de México se ha consolidado realmente? O ¿la democracia política que hemos logrado se encuentra a merced de los poderes fácticos?

Es claro que la soberanía e independencia de México se ve permanentemente amenazada por nuestros vecinos del norte, quienes en reiteradas ocasiones han pretendido socabarla a través de sus amenazas de acciones de restricción económica y construcción del muro fronterizo.

Las ideas libertarias de pensadores, principalmente europeos como: Locke, Hobbes, Montesquieu, Rousseau, Adan Smith, Voltairé contribuyeron, en mayor o menor grado con sus teorías y doctrinas, a los movimientos independentistas y revolucionarios. Me parece, que deberíamos continuar ahora en una línea de movimiento cultural e intelectual haciendo uso de la razón como instrumento de análisis para entender y estar en condiciones de resolver los problemas sociales, culturales, religiosos, políticos y económicos de la sociedad y el hombre, pero ahora sin derramamiento de sangre; es decir, una independencia o revolución sin violencia.

México ya no está para conspiraciones y amenazas, nuestro país debe nutrirse con trabajo, desarrollo, lealtad y honestidad en sus instituciones; es por ello que las autoridades autónomas e independientes no deben estar sujetas a ningún ente de poder, más que del pueblo a quien realmente deben servir y proteger.

La justicia electoral debe ser impartida por instituciones verdaderamente comprometidas con la sociedad de donde emana su legitimidad y por la independencia jurisdiccional que significa que los jueces no se encuentran sometidos a ninguna instancia jerárquica, política, administrativa, económica, burocrática o de cualquier orden, pues la esencia del ejercicio de su función es la libertad para actuar, sin tomar en cuenta ningún elemento que no sea la ley tal y como lo refieren nuestras disposiciones normativas.

Refrendar y fortalecer nuestra cultura, nuestra historia, sus tradiciones, sin la influencia y contaminación de un mundo globalizado.

Sentirnos orgullosos de nuestra identidad nacional, de nuestro bello y mágico país, porque ser ciudadano mexicano es un privilegio y un honor, ¡Viva México del alma mía!!!

LA LEY DE HERODES

Por Miguel Ángel Isidro

Como ya lo hemos consignado, es evidente que los resultados de la elección presidencial de 2018 fueron una patente muestra del hartazgo y repudio ciudadano al régimen hasta ese entonces imperante.

En la actualidad, sin mucho rigor ideológico de por medio, la sociedad politizada identifica al los partidos Revolucionario Institucional (PRI) y Acción Nacional (PAN) como el origen de todos los males engendrados por los llamados “gobiernos neoliberales”.

En efecto, la sociedad votó por un cambio de régimen, y en este contexto, el discurso rupturista del entonces candidato Andrés Manuel López Obrador generó un fenómeno de popularidad inédito en la historia reciente del país, que se vio reflejado en una cómoda ventaja de 30 millones de votos sobre sus contendientes, mismos que a nueve meses de gestión presidencial le siguen representando un muy favorable margen de aprobación ciudadana.

Sin embargo, ésta “ola lopezobradorista” ha tenido efectos secundarios en la geografía política del país, habida cuenta de los amarres y alianzas que el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) tuvo que construir para llegar al poder.

Un caso peculiar de esta situación se está dando en Morelos, entidad que actualmente es gobernada por el ex futbolista Cuauhtémoc Blanco Bravo, quien fue postulado por una coalición conformada por Morena, el Partido del Trabajo (PT) y el Partido Encuentro Social (PES).

Morelos es una de las pocas entidades federativas que ha sido gobernada alternadamente por las que hasta 2018 eran las tres principales fuerzas políticas: el PRI, el PAN y el Partido de la Revolución Democrática (PRD); siendo éste último el instituto electoral que mayormente resintió el voto de castigo de los morelenses, tras la desastrosa gestión del perredista Graco Ramírez Garrido Abreu.

En la elección local de Morelos se dio una combinación de factores para la alternancia: el fuerte desgaste sufrido por las fuerzas políticas tradicionales por malos resultados en gestiones municipales, legislativas y a nivel estado; y una evidente crisis de liderazgos generada por el descarado “chapulineo” prevaleciente entre los cuadros políticos locales. Existen algunos personajes que en menos de una década han ocupado distintos cargos de representación popular o han sido integrados como funcionarios de los tres niveles de gobierno cambiando hasta tres o cuatro veces de partido político, situación que generó entre los morelenses la sensación de que votar por cualquiera de los partidos hegemónicos significaba prácticamente “por los mismos de siempre”.

Cómo se sabe, la incursión del ex futbolista Cuauhtémoc Blanco en el escenario político morelense se ha dado bajo circunstancias donde se entrecruzan la popularidad de un ídolo deportivo, la mezcla de conveniencias políticas y el entrecruzamiento de grupos de interés económico. En el gobierno de Morelos nunca queda claro dónde comienzan o terminan las políticas públicas, los negocios y el lucimiento personal.

A casi un año de su llegada al poder,  Blanco Bravo ha dado reiteradas muestras de su incapacidad para el servicio público. Muy al margen de su precaria formación escolar (sólo tiene secundaria trunca), es público y sabido que desde su estancia en la Presidencia Municipal de Cuernavaca (2015-2018), ha delegado toda suerte de decisiones y representaciones importantes en la figura de su otrora apoderado deportivo José Manuel Sáenz Rivera, ciudadano español de nacimiento, quien actualmente se desempeña como Jefe de la Oficina de la Gubernatura, posición expresamente creada para este mandato y dotada de amplísimos poderes que lo han convertido en una suerte de “Vice gobernador”.

En estos momentos, el estado de Morelos atraviesa una complicada situación política y social. En fechas recientes se ha recrudecido la lucha entre grupos del crimen organizado por el control de territorios en prácticamente todos los municipios del la entidad; el gobernador mantiene ausencias prolongadas de sus responsabilidades públicas; el congreso local se encuentra fragmentado por una pugna interna entre legisladores de tres fuerzas políticas -Morena, Encuentro Social y el PT- que pelean descarnadamente por hacerse del control de la cámara; el Poder Judicial de Morelos está al borde de una crisis constitucional por el choque de grupos que han provocado una serie de reformas legales sobre la permanencia de los magistrados -que con el auspicio del ex gobernador Graco Ramírez se había ampliado a 20 años- y el manejo de la Presidencia de dicho órgano.

Para colmo de males, los alcaldes de los 36 municipios se debaten entre la carencia de recursos suficientes para brindar obras y servicios a la población, habida cuenta del estira y afloja entre el gobernador Cuauhtémoc Blanco, el Delegado Federal de los programas de bienestar del presidente López Obrador, Hugo Éric Flores Cervantes y grupos políticos locales, que han entrado a la rebatiña de recursos y espacios, a pesar de los postulados planteados en la materia por el jefe del Ejecutivo Federal.

Por si fuera poco, investigaciones periodísticas locales han revelado que en varios municipios del estado, los grupos del crimen organizado han puesto “a cuota” a los alcaldes, quienes bajo amenazas de muerte se ven obligados a entregar sumas de dinero, contratos y hasta espacios en las nóminas de dependencias y organismos municipales, lo cual complica la operatividad de dichas comunas.

Si bien en un momento dado para muchos ciudadanos la posibilidad de votar por un personaje precariamente preparado, sin experiencia en la función pública y desarraigado como Cuauhtémoc Blanco representaba la única opción de castigar electoralmente a quienes durante sexenios han lucrado con los recursos del estado e hicieron de los negocios al amparo del poder han modo de vida, lo cierto es que no ha tenido que transcurrir mucho tiempo para hacer patente que el remedio resultó más caro y lesivo para la entidad que la propia enfermedad.

Incluso en fechas recientes, se ha revelado una abierta injerencia del medio hermano del gobernador, Ulises Bravo Molina en asuntos del gobierno estatal. Sin tener un cargo oficial o facultad legal alguna, se le ha consignado lo mismo “tirando línea” a diputados locales, que participando en posición preponderante en reuniones privadas del gabinete estatal. En la prensa local a Bravo Molina  ya se le conoce como “El Hermano Incómodo”.

Algunos analistas ven detrás del estado actual de descomposición social y política de Morelos la mano de ex gobernador Graco Ramírez, quien tuvo la habilidad de mantener una red de intereses políticos muy por encima de los alcances de su partido, el agonizante PRD. No pocos especulan en un pronto retorno de Ramírez Garrido a la escena política.

 Sin embargo, no deja de ser desconcertante la notoria lejanía del gobierno federal hacia la problemática morelense.

Hay quienes atribuyen ésta situación a un distanciamiento entre el Presidente López Obrador y el gobernador Cuauhtémoc Blanco, por la negativa de este último de entregar posiciones de relevancia a militantes de Morelos, pero también a una peligrosa y notoria práctica del actual mandatario federal en el sentido de dotar de poderes y facultades extra legales a sus “súper delegados”, quienes evidentemente tienen preferencia y cercanía con el Primer Magistrado de la nación en el análisis y seguimiento de la problemática en cada entidad federativa.

Este primero de octubre, Cuauhtémoc Blanco cumplirá su primer año como gobernador de la entidad. Es previsible que en torno a esa efeméride se presente un agudizamiento de la crisis local y que diversas corrientes comiencen a pronunciarse por la revocación de mandato en Morelos.

Durante su gestión como alcalde de Cuernavaca, Blanco Bravo y sus allegados presumían cercanía con el entonces secretario de Gobernación Miguel Ángel Osorio Chong. En la actualidad, a pesar de presumir en público de una excelente relación con el Presidente López Obrador, no se vislumbra especial cercanía del gobierno morelenses con ningún funcionario del gobierno federal y en contraparte, han sido públicos los desencuentros y roces del ex futbolista con la todavía dirigente nacional de Morena, Yeidkol Polevnsky.

Dicho sea otra manera: El ex futbolista está sólo y auto marginado ante el complicado escenario de crisis que la entidad morelense enfrenta.

En fin, que las siguientes semanas serán cruciales para verificar si el voto de castigo de los morelenses fue una decisión correcta o un experimento fallido.

Veremos y comentaremos.

Twitter:@miguelisidro

Perspectiva

Por Marcos Pineda

Las ya de por sí cuestionables adhesiones al partido que fundó el ahora presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, que en su momento representaron al ala más autoritaria, antidemocrática e inmoral del PRI, en los comienzos de su agonía como partido hegemónico, se vea ahora doblemente cuestionada cuando el proceder de Morena de cara a la renovación de sus dirigencias nacionales y en los estados de la República ha entrado ya en una fase que mira hacia su descomposición, el juego sucio y la ilegalidad.

Como sea, Morena y López Obrador han podido hasta ahora sortear el vendaval de críticas por no sólo no investigar, no someter a juicio, sino incluso haber integrado a importantes cargos de gobiernos a personajes de pésima fama política. Aunque, usted lo sabe hay varios, el más claro ejemplo, aquel que resulta icónico en el nivel federal es el otrora salinista Manuel Bartlet Díaz, autor intelectual de la famosa “caída del sistema” que fue la estrategia para arrebatar el triunfo electoral a Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano.

Mucho se ha dicho que buena parte de los más altos cargos, de las personas públicamente más cercanas a López Obrador y con mayor influencia en Morena provienen de aquella clase política priista que se distinguió por el abuso de poder en beneficio propio, el enriquecimiento, el tráfico de influencias, el combate contra las organizaciones y líderes democráticos, progresistas y liberales. Y sobre todo, por la utilización con fines electorales de los recursos del Estado, es decir de los impuestos que pagamos los mexicanos.

Lo que en su momento, hace muy pocos años, se fundó bajo el lema de “La esperanza de México”, Morena, parece que hoy demuestra no ser más que el nuevo viejo PRI. No sólo por perfilarse como una aplanadora electoral, que si pone a un burro como candidato a cualquier cargo de representación seguramente ganará, como ya sucedió en las pasadas elecciones donde muchos, pero muchos de los candidatos que ganaron fácilmente podrían ser superados intelectualmente por un mono amaestrado. Y claro que ese mono posiblemente también tendría mayores cualidades morales y un mejor desempeño deontológico.

Si a eso le sumamos que cada vez son más frecuentes las acusaciones sobre posibles desvíos de fondos públicos y su utilización con fines electorales, la amenaza a los beneficiarios de los programas sociales de que si no se afilian y apoyan a quien se les imponga en Morena serán dados de baja y la simulación de que toman cartas en esos asuntos para corregirlos, pero en la práctica no se hace nada, pues sí, tendríamos ya completas las características del viejo PRI en el poder, pero ahora encarnadas en Morena, sus dirigentes y en sus funcionarios públicos.

Será entonces que, como ya se ha comentado con anterioridad, ¿Morena es el nuevo viejo PRI?

Para iniciados

A unos veinte días de que se cumpla el primer año, en la práctica de gobierno, de José Manuel Sanz Rivera, como jefe de la gubernatura formal de Cuauhtémoc Blanco, las oficinas administrativas, los encargados de los números y los datos andan vueltos locos tratando de que Sanz pueda entregar buenas cuentas, que de suyo ya está como que casi inalcanzable. Suman, restan, comparan y revuelcan estadísticas para que parezca que ha habido un buen ejercicio de gobierno. A estas alturas ya poco importa cómo presenten los supuestos logros de la actual administración. Al menos por este año muy pocos creerán que lo que les informan es cierto, que es verdadero. O hace Blanco Bravo un viraje de estrategia, auténtica elaboración de políticas públicas, cambio de funcionarios y de modelo de comunicación institucional o corre el riesgo inminente de quedar estigmatizado como un mal gobernante por el resto de lo que dure su mandato.

Por Francisco Hurtado Delgado

Magistrado del Tribunal Electoral del Estado de Morelos

Recientemente el INEGI reportó que en el presente año mejoró la felicidad de los mexicanos y en su primer informe de gobierno López Obrador, enfatizó, que el pueblo está feliz, feliz, feliz… Más allá de que estemos de acuerdo o no, desde siempre hemos sabido que la felicidad debería ser el estado ideal de hombre, sin embargo, en estos días, en Morelos y en algunos otros estados del país, han ocurrido actos de barbarie y terrorismo ¿Será que el Estado ha quedado rebasado de su objetivo principal que es el bien común? y ¿Por qué no se ajusta la realidad a un estado de derecho sustantivo?

Es cierto que es obligación del Estado, concretamente, de autoridades competentes en mantener el orden y la paz social y garantizar a la ciudadanía espacios de libertad y seguridad en la convivencia cotidiana. Pero también nos corresponde a los ciudadanos poner de nuestra parte para crear condiciones para una vida digna educando mejor a nuestros hijos.

Para que exista paz, hace falta que los miembros de la sociedad respeten los bienes y las vidas ajenas. Que los gobernantes combatan la impunidad y las redes de complicidad entre los cuerpos policiacos y la delincuencia organizada.

El Estado de derecho tiene que buscar la felicidad del individuo, para que todos podamos vivir en paz.

Miguel Carbonell refiere que el estado moderno desarrolla sus actividades en un marco jurídico, con una tendencia al estado democrático, que persigue como fin último el bien común de sus habitantes. Por otra parte, en la filosofía de San Agustín encontramos que el conocimiento y sabiduría aportan felicidad, es por ello que debemos de poner fin a las luchas del hombre contra el hombre y promover una coexistencia pacífica, lo que en la actualidad se debería traducir como Estado de derecho Sí, violencia No, bajos estas premisas los mexicanos podremos ser más felices.

Perspectiva

El proyecto del Cuau

Por Marcos Pineda

Las evidencias apuntan a que Cuauhtémoc Blanco no forma parte de la Cuarta Transformación, propuesta y encabezada por el presidente, Andrés Manuel López Obrador, sino que está siendo utilizado para la construcción de una alternativa partidaria y política diferente: el Partido Encuentro Solidario, una organización de fundamentos conservadores y ultraderechistas, que se ha vuelto completamente pragmática, alejando incluso a muchos de sus fundadores y aceptando en sus filas a quienes en nada se identifican con el cristianismo y el evangelismo contemporáneos, que enarbolan la bandera de la democracia cristiana.

Es muy probable que Hugo Eric Flores, fundador del PES (el que perdió su registro como partido político nacional y que está intentando obtener uno nuevo) le haya vendido la idea al hoy gobernador formal de Morelos de que su rentabilidad electoral puede llevarlo en 2024 a la silla presidencial. Aunque para algunos esto suene a broma pesada, para otros es una posibilidad que los catapultaría al poder federal, y se lo están tomando en serio, por absurdo que parezca.

Sin embargo, para Flores y José Manuel Sanz Rivera, éste último ahora ya miembro distinguido del PES, la construcción de una opción política diferente a Morena, el partido Andrés Manuel, es la apuesta que quieren jugar, teniendo al Cuau como el ex ídolo futbolístico que les dará tanto la plataforma política, como el acceso a recursos económicos y los votos necesarios para que el nuevo PES no desparezca como el anterior. La candidatura del Cuau a presidente de la República no sería problema, siempre que logren el registro del PES y no lo vuelvan a perder en las elecciones intermedias del 2021, posibilidad real dada la escasa votación que tuvieron el año pasado.

Sacrificar el futuro político del Cuau sería lo de menos para sus allegados, comenzando por Flores y Sanz mientras logren conservar el registro y seguir viviendo muy lejos de la austeridad republicana que promueven López Obrador y Morena. De dientes para afuera podrán decir que apoyan al presidente y a la Cuarta Transformación, pero en la práctica están construyendo un proyecto de oposición al presidente y su partido.

Para iniciados

Para logarlo ya encontraron en el flamante y advenedizo diputado federal, Jorge Argüelles Victorero, al operador político ideal: pragmático, sumiso y que no duda para mentir respecto a la manera en que están creciendo artificialmente una bancada legislativa local, buscando el nuevo registro del PES y aparentando la suma de voluntades por el bien de Morelos.

En realidad, en Argüelles tienen a un operador que les será fiel, como lo fue al PRI, hasta que no cumplan con sus exigencias en algún momento y considere declarar que el PES local y el posible nuevo PES nacional ya no son lo que eran y decida renunciar y buscar otra forma de logar sus aspiraciones, como lo hizo con el PRI. ¿Y cuáles son esas aspiraciones? La más cercana es ser el siguiente gobernador fuereño de Morelos.

Por Miguel Ángel isidro

La elección presidencial de 2018 tuvo, entre muchas otras , dos consecuencias notables y directas: la consolidación de Andrés Manuel López Obrador como el más importante liderazgo de la centro izquierda mexicana en el siglo XXI, y la pulverización del resto de las fuerzas políticas, hoy constituidas en oposición al proyecto político de la llamada Cuarta Transformación.

A diferencia de las dos ocasiones anteriores en que contendió por la primera magistratura del país, en las que fue postulado por alianzas políticas encabezadas por el Partido de la Revolución Democrática (PRD), en éste tercer “turno al bat” Andrés Manuel López Obrador fue postulado por un instituto político de su propia creación: el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena).

Fundado en 2011, y reconocido oficialmente como partido político en 2014, Morena es, como su nombre lo indica, la suma de un conjunto de movimientos y organizaciones políticas y civiles que tuvieron como primer y fundamental objetivo llevar a AMLO a la Presidencia de México. Como fundador y líder de Morena, López Obrador tuvo una significativa ventaja frente a sus oponentes en la elección presidencial de 2018; no sólo por estar siendo postulado por tercera ocasión al cargo, sino porque en calidad de vocero principal de su movimiento, contó con los espacios mediáticos y las prerrogativas económicas para apuntalar su candidatura.

A diferencia de otros candidatos, que enfrentaron los candados legales impuestos a funcionarios y representantes de cualquiera de los tres poderes, AMLO pudo tener acceso a espacios mediáticos y recursos económicos oficiales-vía financiamiento público a Morena- para promover su imagen a lo largo y ancho del país.

A su llegada al poder, en un tiempo récord para una fuerza política emergente, Morena enfrenta dos retos importantes: la consolidación de su vida institucional interna, y, sobre la marcha, construir nuevos liderazgos, pensando en refrendar en 2021 el arrollador triunfo obtenido en la pasada elección presidencial, y por otra parte, aunque parezca prematuro, dar paso a una nueva figura que permita dar continuidad a su proyecto político en 2024.

Es evidente que la popularidad de AMLO, primero como candidato y ahora como Presidente representa el más importante- y de hecho el único, dirían sus detractores- activo electoral de Morena. Y a su sombra se han cobijado una serie de personajes que de ninguna otra manera tendrían probabilidades de figurar en la escena pública, y mucho menos alcanzar un cargo de elección popular.

Al interior de Morena convergen toda suerte de figuras políticas: tránsfugas del viejo PRI, cuadros que “convenientemente” saltaron del barco del PRD en pleno proceso de hundimiento, liderazgos sociales y hasta figuras de la farándula y el deporte que sumaron su exposición pública -buena o mala- para treparse al tren de la “Cuarta Transformación”.

Hay que decirlo: a nivel de su vida institucional interna, Morena es un desastre. No hay claridad en su plataforma política, sus métodos internos son poco transparentes -y si no vea usted el encontronazo entre Martí Bartres y Ricardo Monreal por el control del Senado- y conforme avanza el sexenio, cada vez va siendo menos claro donde comienza el partido y donde termina el gobierno.

En días recientes, y a propósito del desencuentro de sus cuadros y liderazgos en el marco de sus procesos internos -renovación de coordinadores en sus bancadas y la propia elección de su dirigencia nacional- en Presidente López Obrador lanzó una severa advertencia: “Si Morena se corrompe, renuncio y pido cambio de nombre”.

En el marco de sus tradicionales conferencias mañaneras, AMLO hizo referencia a los enfrentamientos internos que han comenzado a aflorar en el partido que lo llevó a Palacio Nacional: “Les vamos a recomendar, de manera respetuosa, que mantengan ideales y principios (…). Quiero dejarles claro que luchamos muchos años para que no se usara el gobierno a favor de ningún partido, fue una lucha de siempre”.

Ciertamente, el Presidente tiene autoridad suficiente para hablar así del proyecto político de su creación. Al final del día, más allá de los recovecos estatutarios, AMLO sigue siendo el fiel de la balanza en Morena; alfa y omega. Toda decisión importante pasa por su fuero. Aunque se empeñen en hacer creer lo contrario.

Como ya lo hemos apuntado en entregas anteriores, habida cuenta de lo raquítica, desprestigiada y desorganizada que se encuentra su oposición (un PRI impresentable, un PAN sin brújula y un PRD en vías de autoinmolarse para dar vida a una entelequia llamada “Futuro 21”, que dicho sea de paso, nació muerta, pero ése ya es otro análisis-, el verdadero riesgo de colapso para una fuerza política mayoritaria como Morena proviene desde el interior.

Se acerca la elección intermedia, y con ello los naturales apetitos de continuidad o el impulso de la muy mexicanísima “meritocracia” abrirán sin duda nuevos frentes de disputa entre quienes apoyan sinceramente el proyecto de la 4T y quienes quieren aprovecharse de la elevada popularidad de AMLO para mantenerse dentro de las esferas de poder, y lo que es más importante para ellos, en las nóminas oficiales.

Y después de ello, vendrá sin duda el reto más complicado para el Presidente en la segunda mitad de su mandato: operar su propia sucesión sin dejar de atender sus compromisos como mandatario, pero tampoco como líder de un movimiento político de gran arrastre.

El escenario no pinta sencillo. Por eso valdría la pena preguntarse, aunque parezca prematuro: para Morena, ¿habrá vida después de AMLO?

Veremos y comentaremos.

Twitter: @miguelisidro

Por Francisco Hurtado Delgado

Magistrado del Tribunal Electoral del Estado de Morelos

El uso del internet es ya considerado como un derecho humano. Pero debemos tener cuidado con el uso que le podemos dar porque ya existen antecedentes que deben llamar nuestra atención, como por ejemplo el de Cambridge Analítica empresa inglesa, que hizó un mal uso de los datos personales que le fueron proporcionados por Facebook y mediante un algoritmo matemático manipuló más de 5000 data points de los usuarios. El resultado fue que lograron persuadir e inducir el voto para influir en la elección presidencial en los Estados Unidos y el Brexit en Inglaterra y de esta manera concretar solo los objetivos de interés de Cambridge y sus clientes, haciendo vulnerable a la democracia.

La otra cara de la moneda es que, también, el uso del Internet facilita una mayor comunicación entre los miembros de la sociedad. Y, una de sus posibles bondades podría ser el uso de una urna electrónica en nuestro país y generar un ahorro significativo o bien impartir justicia digital en un juicio o hacer notificaciones y audiencias en línea en materia electoral.

El riesgo de un mal uso, me parece, no se podría evitar, lo constatamos todos los días con los famosos fake news y hakers que provocan desinformación, denostación, calumnia y que termina siendo un factor de desintegración, desconfianza y con ello un daño a la sociedad; fenómeno que ha provocado el surgimiento del concepto de “analfabetismo digital” referido a las personas que todo lo que aparece en Internet o en redes sociales lo consideran como verdades absolutas.

Giovanni Sartori describe que la cultura de hoy, es una cultura de ocio, una cultura de la imagen, en síntesis, una cultura de la incultura; por lo anterior debemos implementar una educación y formación de la ciudadanía con valores éticos y morales, para que el uso de estas tecnologías particularmente dirigidas en la democracia sea con fines de lograr el fortalecimiento de una cultura democrática sustantiva. Así también hacer uso con responsabilidad de las redes sociales antes de compartir, revisando las fuentes y autores de la información que circula, para no caer en las redes de las noticias falsas, usando también verificadores (fact-checking) de información electrónica.

Bajo estos referentes dejo una pregunta abierta para la reflexión: ¿Afectará el uso de la comunicación digital al futuro de la democracia?

Por José Luis Garcitapia

Lejos de reconocer la crisis de violencia que vive Morelos y la ola de femenicidios que se ha registrado en los últimos meses, el gobierno de Cuauhtémoc Blanco se ha dedicado, a través de una decenas de páginas de Facebook pagadas con recursos públicos, a descalificar el legítimo reclamo de las y los morelenses y la sociedad civil organizada, que exigen una vida libre de violencia.

Los más de 1,000 homicidios dolosos y más de 70 femenicidios, aunque la Fiscalía General de Justicia sólo reconozca 17 en su afan de negar que la existencia de una violencia de género creciente y sangrienta, no son fake news ni forman parte de una campaña perversa de desprestigio en contra del nuevo gobierno, no.

Son resultado de la inexistente estrategia de prevención y combate a la delincuencia, pero también de la falta de compromiso con Morelos y las mujeres de quien siendo electo gobernador se ha negado ha asumir su responsabilidad constitucional. También, de una cultura machista y misógina, que florece con la impunidad y el silencio de muchos.

Hoy Morelos ocupa el segundo lugar nacional en incidencia de feminicidios y desde hace algunos años se aplica la Alerta de Violencia de Género en ocho municipios, aunque podría darse casi todos.

Las manifestaciones de inconformidad y reclamo a la autoridad, actual y anteriores, son justas, legítimas y un derecho constitucional, sin importan quién o quiénes participen en ellas.

Las estadísticas de violencia e inseguridad, frías como son, pero sobre todo los nombres, ahí están y muestran nuestra realidad.

Por tanto, descalificar estas manifestaciones de inconformidad es grave, pero aún más grave cuando las descalifaciones vienen desde la autoridad y son financiadas con recursos públicos.

@PepeGarcitapia