Por Rocio García
La tarde de este viernes, la exigencia de justicia por el asesinato del joven paramédico Miguel Ángel Domínguez Cruz llegó hasta Palacio de Gobierno.

AL Frente iba la madre de Miguel Ángel que busca respuestas por el homicidio de su hijo, ocurrido el pasado 28 de mayo en Cuernavaca. Su destino fue el mismo lugar donde se concentra el poder político, el Palacio de Gobierno, en donde la petición fue sencilla y directa, conocer avances, saber qué se está haciendo y exigir que el caso no quede impune.

La gobernadora Margarita González Saravia no salió a recibir personalmente a los manifestante, en su lugar, fueron atendidos por representantes de la administración estatal, un hecho que inevitablemente forma parte de la lectura pública de una jornada que ocurre en uno de los momentos políticos más complejos que ha vivido Morelos en los últimos años.

Mientras la atención pública se encuentra centrada en investigaciones, detenciones y procesos contra alcaldes y exalcaldes, en las calles persiste otra realidad, la de ciudadanos que siguen esperando resultados en los delitos que golpean de manera directa a sus familias.

El reclamo expresado este viernes pareció ir más allá del caso de Miguel Ángel, pues entre las consignas y los mensajes de los participantes el reclamó persiste, la justicia no puede limitarse a los grandes casos políticos ni a los operativos de alto impacto, también debe alcanzar a quienes todos los días enfrentan la violencia común, los asaltos, los homicidios y la incertidumbre de no saber si habrá consecuencias para los responsables.

Esa es quizá la imagen que dejó la movilización. Una madre llegó a Palacio de Gobierno para pedir justicia por su hijo, pero en el camino representó una demanda que comparten muchas víctimas en Morelos, que las instituciones respondan, que las investigaciones avancen y que los resultados se reflejen no sólo en los titulares, sino en la vida cotidiana de la población.

Porque para quienes acudieron a la marcha, la pregunta no fue únicamente qué ocurrió con Miguel Ángel, la pregunta de fondo es cuándo la seguridad y la justicia dejarán de ser una promesa y comenzarán a sentirse en las calles.

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