Perspectiva Electoral
Por Marcos Pineda
Es estadísticamente previsible cuando los candidatos o sus partidos políticos pueden perder las elecciones. Y aunque él ánimo de los postulados y de sus equipos de campaña esté al 100%, no le falten recursos económicos de los cuales disponer y gocen del respaldo total del gobierno en turno, ni las estructuras pagadas, ni los obsequios promocionales al por mayor, ni la muy bien disimulada compra de conciencias en la opinión pública los salvan de ver cómo, en el recuento de los votos, al término de la jornada electoral, no solamente no los favorece, sino que quedan en el lugar en que las encuestas los perfilaban.
Y son bastantes los procesos electorales, desde la creación del entonces IFE, ahora INE, en que, cada vez con mayor claridad, el voto de los electores cuenta y se cuenta. Cuando ha habido violaciones a las reglas de proceso electoral no solamente existe la posibilidad de que en tribunales se resuelva quién ganó, sino también, en casos de evidentes graves faltas, puede suceder que la elección completa sea anulada y tenga que repetirse.
De cualquier forma, el sistema electoral mexicano ha evolucionado hasta un punto en que la democracia funciona a pesar de los intentos de manipular los procesos electorales desde el mismo poder gubernamental. Deciden los electores en las urnas y no las cúpulas en oscuras reuniones, tramando alianzas y triquiñuelas. Aunque, sin duda, lo que hagan o dejen de hacer los cuartos de guerra y los equipos de campaña, resulta ser trascendente, pues de una estrategia correcta se obtienen buenos resultados y de una incorrecta, pues ya usted se imagina.
Y así como hay manuales de campaña, que sirven para planear y organizar una efectiva participación electoral, también sucede que hay elementos que podrían constituirse en una especie de guía para la derrota. No debemos olvidar que en marketing electoral a un candidato y a su partido se les ve como producto y marca, respectivamente. Productos y marca que se ofertan a una clientela electoral, que terminará comprándolos o no, a través de su voto.
Voy a mencionar tres elementos de esta guía para la derrota, y a precisar el detalle de uno de ellos: un candidato que no es el adecuado para la candidatura adecuada, una campaña mal diseñada y un equipo de campaña mal integrado.
Los dos últimos son fundamentales para un exitoso desempeño del candidato en la contienda y merecen ser explicados con detalle en una siguiente ocasión. Por lo pronto hablemos del candidato, del producto.
Como cualquier otro producto que se pone a la venta, es decir, que se ofrece al consumidor para satisfacer algún tipo de necesidad, debe ser un producto que cumpla con las expectativas del potencial comprador. Si el producto es malo, no es en realidad, lo que se oferta, en algún momento el comprador termina dándose cuenta de ello. No son pocas las ocasiones en que se trata de hacer pasar como bueno a un producto malo, es decir, como el candidato idóneo a uno que no lo es. Si el elector logra darse cuenta de ello antes de las elecciones muy probablemente no querrá votar por él. Una encuesta puede decirnos de antemano si un posible candidato es el adecuado para una determinada candidatura o si sería más vendible en otra. Pero cuando el empeño se centra en llevar a un puesto a una persona que no es el candidato idóneo surgen, desde la mismísima presentación de la candidatura, los inconvenientes, las críticas y los desacuerdos. Aun así, ¿podría ganar? Sí, pero le será mucho más difícil remontar los puntos en contra que tiene y los que irá acumulando. Pero si a eso le sumas, un mal diseño de campaña y un equipo que haga todo menos ayudarlo, ya se imagina usted el desenlace, con todo y las millonadas que gasten y los miles de promesas que hagan. De un candidato así podríamos obtener una buena “Guía práctica para perder las elecciones.”
Y para iniciados
Lo más probable es que las impugnaciones que presente Juan Pablo Adame Alemán no prosperen en tribunales y José Luis Urióstegui sea registrado como candidato del PAN a presidente municipal. Si la intención de la trifulca que se vivió el domingo era echar abajo la elección interna les falló. Y no son los Martínez Terrazas, y menos Urióstegui, quienes quedaron como violentos inconformes. Es cierto que los seguidores de la Sagrada Familia podrían terminar no apoyando a su partido ni al candidato vencedor en la contienda interna, sin embargo, la misma mostró que al interior del PAN representan ya muy pocos votos, además de que la violencia que generaron, algunos dicen por provocadores pagados, los hizo ver muy mal, hacia adentro y hacia afuera. Y lo que sí obtuvieron fue llamar más la atención de los posibles electores hacia el ya virtual contendiente externo, Urióstegui Salgado.
Excelente martes.
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