Perspectiva Electoral
Por Marcos Pineda

Hay un concepto clave para la generación de las preferencias políticas al que denominamos en Ciencia Política como “proximidad”. Se trata de la proximidad entre partidos, líderes, candidatos y electores. Entenderlo resulta muy fácil por medio del estudio de la distancia que haya entre unos y otros. En ello, podemos hablar de la cercanía o lejanía en términos ideológicos, programáticos e incluso de objetivos pragmáticos. Resulta claro que a mayor cercanía mayor proximidad y, por tanto, mayores simpatías y mejores probabilidades de preferencia electoral. Y viceversa, en el sentido de la lejanía.
Este concepto de la proximidad es aplicable también a la hora de la construcción, desarrollo y sostenimiento de lo que denominamos coaliciones o alianzas electorales. Mientras más proximidad exista entre los actores políticos mayores son las probabilidades de lograr alianzas estables y mutuamente rentables. Es interesante estudiar los resultados que estas coaliciones dan en una determinada contienda electoral, pero es mucho más revelador el análisis de las coaliciones al paso del tiempo, entre una elección y otra. En una elección la proximidad pudo haber sido mucha y, por tanto, dio buenos resultados. Mientras, en la siguiente la distancia puede ya ser tanta que no solamente resulte complicado el sostenimiento de la coalición, sino ser desaconsejable, al menos para una de las partes involucradas, porque conlleva pérdidas en lugar de ganancias, perjudica más de lo que abona.
Ese es el caso de la tambaleante alianza electoral que el PES insiste en lograr con Morena, a escasos días para que se venza el plazo legal para entregar los respectivos convenios a las autoridades electorales. En las pasadas elecciones, la distancia ideológica entre el PES y Morena fue subsanada con la proximidad programática y de objetivos pragmáticos, que significaban ganar la presidencia de la República para Andrés Manuel López Obrador y la gubernatura para Cuauhtémoc Blanco Bravo. La coalición tuvo éxito y los objetivos electorales se cumplieron.
El problema es que Morena, en el estado de Morelos, salió perdiendo en la práctica y se ha visto perjudicado lo largo de dos años bajo del mandato y el gobierno del PES en la entidad. La militancia y los dirigentes locales de Morena se han dado cuenta. No quieren repetir el mismo error de ayudar a ganar al PES, para salir perdiendo ni como partido, ni en sus objetivos políticos personales, porque saben muy bien que, así como en el 2018, no necesitaban del PES para ganar, ahora menos, porque el pésimo gobierno que encabeza ese partido en Morelos, en lugar de aportar votos los va a restar.
Entre el PES y Morena, pues, hay una distancia ideológica insalvable, no son compatibles en ningún sentido. La proximidad programática ya es mucho menor, casi inexistente, pues Andrés Manuel y Cuauhtémoc ya no figurarán en las boletas y la Cuarta Transformación ya está en marcha. Y en cuanto a los objetivos pragmáticos también hay una enorme distancia ya. El PES se suma a Andrés Manuel no porque coincida ideológicamente con él, sino porque no tiene de otra. Necesita de AMLO y de Morena para sobrevivir como partido y tratar de ganar la presidencia municipal de Cuernavaca, que es el objetivo prioritario de Jorge Argüelles, presidente local y evidente aspirante a la candidatura. Y eso ya no es un objetivo para Morena, sino un inconveniente. Significaría una pérdida, estratégica, más.
En suma, los morenistas locales saben muy bien que la alianza con el PES tendría cuatro beneficiarios: Jorge Argüelles, Hugo Éric Flores, Cuauhtémoc, el gobernador, y su hermano, Ulises Bravo. Para Morena y los morenistas locales, la alianza contra la que se han manifestado significa puras pérdidas.
Y para iniciados
Si en las próximas horas, dada la misteriosa y tenebrosa forma de proceder de Flores, Argüelles y Bravo, logran que se imponga desde México, una forzada alianza con Morena en Morelos, los resultados serán negativos para ambas partes. Por un lado, los candidatos del PES podrían contar con el logotipo de Morena, pero no con sus votos. Por otro lado, muchos de los morenistas que sí suman votos se irían en apoyo a candidatos de otros partidos e incluso de independientes, pero pueden dar por hecho que por los del PES hasta en su contra van a operar. Y eso también perjudicaría a Morena, como partido, y pondría piedras en el camino a la Cuarta Transformación en la entidad. Los morenistas locales ya entendieron, como dice el refrán, que más vale ir solos, que mal acompañados, ya veremos si su dirigencia nacional también lo entiende.
Excelente mitad de semana.
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